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Escrito por el Nov 3, 2017 en cocina de cosecha | 7 comentarios| etiquetas: albahaca, alborada, amanecer, aurora, cremas, cremas frías, final del verano, otoño, piñones, tomates

crema de tomates asados

Los últimos días de agosto, temprano.

Ya no me despierta la luz del sol.

El sol efervescente y bullicioso que irrumpía en mitad del último sueño, avanzando sobre la madera del suelo, coloreándola de dorado.

No, ese sol ya es pasado.

Ahora, cuando suena el despertador, la habitación está fresca y el mundo callado.

Los pájaros aún no pían, hay un velo de apaciguamiento sobre el mundo.

El lino suave de las cortinas se ondula con la brisa húmeda del día primigenio, pálido y enlentecido.

Una niebla liviana disuelve y confunde los contornos de las cosas, gasas de sueño flotan sobre las calles.

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La luz que precede al amanecer. Luz vacilante de lo que aún no está hecho, la luz de antes de la luz.

Luz bañada en quietud y silencio, luz del presentimiento de las cosas.

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Bajo el lanudo colchón del firmamento, mullido como pan blando, el mundo está durmiendo un sueño mágico.

Un sueño de miles de años dividido en noches, noches segregadas del día como un charco de luz pone fronteras a la sombra. Noches como billetes para viajes fantásticos, derivas, vagabundeos silenciosos que se enredan en la nana nocturna que cantan las estrellas.

Cerrado sobre sí mismo como un capullo lívido, el cielo arrulla al mundo.

Una neblina nutricia le aquieta los párpados, cuida los sueños de todos los durmientes.

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Y de repente

como un aliento de campiña

el aire se aligera, se difumina, se rellena de luz adivinada.

Un rubor de coral se esparce sobre el horizonte y redondea el cielo.

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Como si hubieran escuchado un conjuro, los engranajes del mundo se desperezan,

se estiran

caracolean

invaden la bóveda celeste con sonidos de campanas, pájaros y grillos

traspasan la sustancia del cielo como serpentinas

se derraman

ascienden…

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La aurora vuelve a calentar la piel del mundo con sus besos rosados, lo despierta con hormigueos, susurros, gorjeos…

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Alborada.

Qué hermosa palabra.

Alborada que da la bienvenida a mi día, el día de hoy, un corazón que comienza a palpitar como el de un recién nacido.
Dispuesto para mí, como un mantel echado sobre la hierba en el que ir disponiendo una comida, antes de que nadie llegue…

Ven aurora, ven. Bésame.

Quiero que me beses, que dejes tu rastro de lozanía sobre mi piel, que soples dentro de mí tu aliento de campanilla, que me alborotes el pelo.
Que me mantengas un momento templada y a salvo entre tus manos mágicas, y que luego vuelvas a dejarme sobre el mundo, barnizada de tu aliento rosado, envuelta en el hechizo de tu arrullo, que dice…

…te regalo un día más, bondad mía, te regalo un día mas…

Es tuyo y para ti…

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Parece poca cosa mi regalo, y sin embargo, es todo cuanto existe…

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· crema de tomates asados ·

 

· para cuatro personas · dificultad: ninguna · horno a 170º · estado de ánimo: cargar las pilas ·

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Aunque tenemos tomates todo el año, la mejor época para comerlos, si nos interesa acoplar los alimentos que elegimos a su temporada de sazón natural, es el final del verano.

Aquí en Levante, según la altura, los mejores tomates son de agosto y principios de septiembre. En el interior más bien para el septiembre maduro, con más almíbar de sol acumulado en las cañas,  allá para san Miguel, santo de dragones que anuncia la oscuridad creciente del otoño y trae las grandes fiestas de la cosecha del calendario agrícola tradicional.

 

  • 12 tomates pera, maduros, lavados
  • 3 dientes de ajo laminados
  • aceite de oliva virgen, sal, pimienta, orégano y tomillo frescos o secos
  • 1 cebolla grande picada
  • 4 dientes de ajo picados
  • medio litro de caldo de verduras
  • hojas de albahaca fresca
  • mozzarella fresca, en perlas si se consigue, o burrata
  • dos puñados de piñones tostados en una sartén sin aceite hasta que estén ligeramente dorados

Partir los tomates por la mitad y disponerlos en una fuente de horno protegida por papel de hornear.

Rociarlos con aceite, pimienta, sal y las hierbas, tomillo y orégano, y coronarlos con las láminas de ajo.

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Asarlos a 170º durante media hora.

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En una cazuela de fondo grueso, freír los dientes de ajo enteros en una capa fina de aceite de oliva hasta que comiencen a dorarse, añadir la cebolla picada y pocharla.

Añadir los tomates asados y sus jugos, remover.

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Cubrir con el caldo de verduras y dejar cocer media hora a fuego muy suave.

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Triturar con la manita, y si se desea una textura fina, tamizarla a través de un colador chino.

Untar el pan con aceite de oliva, rociarlo con sal y pasarlo a la plancha en una sartén.

Colocar sobre cada cuenco de crema una rodaja de pan asado y el queso fresco: la mozzarella en perlas o en pieza o la burrata.

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Colocar encima unas hojas de albahaca (y alguna de sus flores si se tienen a mano), los piñones y unas gotitas de aceite de oliva.

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Lujosa.

Terrestre.

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Poderosa.

Un cuenco de energía solar para los días en los que el sol comienza a entibiarse.

 

 

 

 

 

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7 Comentarios

  1. Hola Fernanda,
    (…)
    yo soy muy borricáncano. Aso los tomates enteros, del tirón. Ya lo sazono después cuando vaya a batirlos 🙂

    Besos.

    • Jajajajajaja. Mira tú por donde, no me sorprende nada ;). Besos!!

  2. Joer, Fernanda… me haces llorar, pero haré esta receta para compartirla contigo!!!

    • Anita Anitaaa cuánto tiempo sin oírnos!! Qué gran gran gran alegría me da oírte. Un gran abrazo! (hemos de hace planes para salir a comer juntas, si? ;))

  3. Hola Fernanda! He leído tus últimos post pero no te llegué a comentar…y eso que los recibí como agua de Mayo, es un placer siempre leerte.
    Una pasada esta crema, con lo que me gusta el tomate en cualquier formato, pero es que una receta sencilla con tu toque es algo especial siempre.
    Un beso muy muy fuerte

    • Hola querida Ana! Cuánto me alegra volver a hablar contigo! ¿Cómo va el otoño por donde tú vives, progresa? Aquí, sabes, hace un otoño completamente de cambio climático. La semana pasada tuvimos máximas de 26 casi todos los días. No sé muy bien por qué, pero cuando pienso en ti siempre te imagino en el pueblo, desconectada, y con tu huerta. Siempre me traes sensación de campo! Un beso fuertísimo preciosa y que tengas un feliz fin de semana!! (yo estoy a punto de ponerme a hacer pan de centeno y me hace una ilusión, estamos como cabras :))

  4. En Madrid también tenemos un otoño terrible, no cae ni gota de agua, asusta esto del cambio climático de verdad. Ojalá pudiera estar más en el pueblo como tu imaginas jeje, pero no, estoy en la ciudad.
    Qué rico el pan de centeno, haces pero que muy bien, oye lo importante es disfrutar cada uno con lo que le gusta y suerte que tenemos de disfrutar de muchas cosas…Besos Fernanda (yo hoy quiero hacer coca de llanda…de tu tierra)

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