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Escrito por el Ago 22, 2016 en liturgia de las horas | 0 comentarios| etiquetas: apurando el verano, árboles, desayunos, despacito, el comienzo del día, ficus, pequeños rituales, saludo al sol, verano

el café de las siete y media

· el café de las siete y media ·

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Un gran árbol con presencia de espíritu en un rincón del barrio.
Acogidas a él, unas mesas de bar y unas sombrillas. Un pedazo de césped hospitalario.

Ese don que tienen los árboles de transformar el paisaje urbano, aún el más empobrecido, en algo reconfortantemente humano.

Tiene una fronda brillante y cerúlea, de un verde esmeralda profundo, que clarea afilado en las puntas de los brotes nuevos.

Es un ficus.

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El ficus de Ligazón

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El tronco es tan ancho que no podría abrazarlo entero, y desde las ramas se desflecan largos racimos de raíces aéreas, pajizos, como añosas barbas de profeta.

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Las siete y media.

La ciudad despertando lentamente.

Las calles vacías.

Sólo la docena de madrugadores que nos cruzamos ritualmente cada día: todos nos conocemos ya.

Mis pasos resuenan sobre la acera.

Café con leche no muy caliente con estevia. El saludo amable del dueño del bar, a quien después de meses de esta visita reincidente también conozco ya.

Tengo enfrente una hilera de casas, dos fincas. Un balcón con hermosos postigos rojo inglés, macetas con plantas colgantes en la barandilla.

Una ventana de ático con una cortinilla de bambú y una maceta a la que le da el sol.

Balcones exiguos sombreados por persianas de madera echadas sobre las barandillas, para dejar entrar en las casas el frescor de la noche.

Una ventana y tres vinilos de macetitas en flor: su dibujo setentero me recuerda la época en la que descubrí a Terence Conran, 1976, el primer catálogo de Habitat que me traje de Suiza y que guarde como un tesoro durante años, aquella belleza tan pura, tan absolutamente refrescante y removedora.

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Ventana en flor

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A ratos vienen ráfagas de brisa fresca que te recorren los brazos como manos frías y hacen añorar una rebeca.
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En el retal que se asoma entre la sombrilla y las fincas que acotan este rinconcito, el cielo está muy alto.

Pálido, destila a chorreones una luz aún indefinida.

¿Por qué el cielo parece estar más alto o más bajo según desde donde lo miras dentro de la misma ciudad?

No lo sé, pero es así.

Y aquí está muy alto. Gaseoso, desflecado, teñido de un lívido aguamarina.

Y lejano.

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ficus contra el cielo

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Todos estos días de julio hay una bandada de golondrinas surcándolo.
Veloces, juguetonas, lanzando sus grititos estentóreos, como niños alborotados. Mi amiga Rosa dice que le encantan las golondrinas porque están tan locas… Y sí, es algo así.

Detrás, dentro del follaje, los gorriones pían.
Sus pequeños trinos demandantes, mullidos como gorgoteos, forman la música que puntúa el curso errático y fluido de las sensaciones con las que comienza mi día.

Hay una capa de crema espumosa sobre el café, que huele a bostezo.
Un sépalo se desprende de su peciolo y desciende dibujando ondas hasta posarse suavemente sobre la mesa brillante.

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el cafe

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El césped está lleno de los frutos arbóreos -redondeados como bellotas- que caen de vez en cuando con un ruido de puño.

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Bajo el ficus

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Una brazada de luz que asciende en el firmamento se filtra por una esquina de la plaza, depositando sobre las pequeñas ventanas de los áticos un panel dorado.

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la luz entra en la plaza

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Ritmos, sucesiones.

Las mareas de la mañana: los mismos perros cada día, el mismo chico del periódico a la misma hora, el panadero que trae las barras de pan en su gran saco de papel grueso y agradecido, el repartidor con las pilas de bandejas de cartón anidadas con huevos frescos. Los profesores del conservatorio que hacen de tribunal para la oposición que están celebrando estos días.
Cuando la oposición acaba, llegan las turistas de los apartamentos cercanos: hablan inglés, son jóvenes, están sonrosadas y tienen aspecto de lozanía, están de vacaciones y lo están pasando bien.

Las entradas a escena de este guión familiar dan cuerda a un mecanismo carnal que me guía a través de los primeros minutos de mi día, exacto como una brújula invisible, imantada sobre el corazón.
Tan confiable como si fuera un reloj suizo.

Una pisada detrás de otra, suavemente sonámbula, ellas solas me conducen de nuevo hasta el bar; no hay problema, ellas conocen el camino, estoy en buenas manos.

Mis pisadas y yo devolvemos la taza de café, dejamos las monedas, las mismas cada día, sumergimos la cara en la borla de albahaca de la entrada, tersa y picante, nos encaminamos hacia la gran puerta cristalera detrás de la cual se despliega mi mundo de trabajo.

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albahaca

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Estará abierta, dejando que el aire cansado de la noche se infiltre lentamente de aire renovado, aún por respirar.

Llego hasta él sin haber perdido la sensación de amplitud y de pertenencia que este ritual diminuto segrega para mí: en su pequeñez, me acompañará y me mantendrá despierta todo el día.

He aprendido a hacer eso: a transitar de ambiente en ambiente sin dejar de pertenecerme, sin deshabitarme. Un tiempo sin cisuras.

Hora de subir las escaleras, encender las luces, mirar las hileras de libros, preparar las mesas para las visitas de hoy.

Buenos días, árbol.
También tú tendrás trabajo todo el día, cobijando a otros bajo tu sombra.
Hasta mañana!

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 Y mientras todo esto se cocinaba a fuego lento, esto otro es lo que hemos comido esta semana: crema fría de hinojo y pepino.

· ficus ·

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Ficus es una majestuosa familia botánica que comprende más de mil especies, aunque en España se cultivan principalmente unas veinte. Todos conocemos las higueras (Ficus carica)…

ficus carica sativa

Ficus Carica Sativa: Fico Rubado. Giorgio Gallesio. New York Public Library.

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… el ficus ornamental doméstico (Ficus elastica)

Ficus_elastica_-_Köhler–s_Medizinal-Pflanzen-206

Ficus elastica. Köhler’s Medizinal-Pflanzen in naturgetreuen Abbildungen mit kurz erläuterndem Texte. Vol. III. 1897.

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… y el gran ficus monumental con su fantástica red de raíces tormentosas, Ficus macrophylla, que adorna algunos lugares privilegiados de las ciudades (como este rinconcito en el que yo tomo café, porque ésta es la especie a la que pertenece el arbolito).

En Valencia hay varios ejemplares hermosísimos de esta especie, también llamada Higuera australiana o Higuera de bahía Moretón: el ejemplar del Parterre, los de la Gran Vía Fernando el Católico, el del jardín del Real, el de la plaza de la Legión y el del palacio de Benicarló, sede de las Cortes.

ficus

La gran copa arbórea que se ve entre la finca y la cúpula azul es el ficus del palacio de Raga.

 

.Sin olvidar el magnífico, centenario ficus multitronco del Palacio de Raga, en la plaza del Centenar de la Ploma, junto a la calle Baja, regalo del botánico Antonio José de Cavanilles al dueño del palacio en el siglo XVIII, y que es el que yo veo desde la terraza de mi casa (y del que ya os he hablado alguna vez).

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