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Escrito por el Oct 4, 2016 en desayunos de domingo | 6 comentarios| etiquetas: desayunos, diosas, equinoccio, higos, los últimos higos, merxe escrig, otoño

equinoccio, higos y diosas

A nuestra edad la compañía de otras mujeres de la misma manada nos hace mucha más falta que cuando teníamos 20 años.

Hemos entrado en la época de la maga blanca, en territorio de cosecha y también en el de una nueva siembra que tiene que ver con el significado y con la vida interior, y nos hace más falta que nunca encontrar compañeras con las que ajuntarse en armonía para andar ese camino nuevo.

Yo tengo aquí sentadas hoy a tres mujeres que representan dos generaciones.

Una de ellas le dice a su hijita cuando entra en casa y nos presenta: éstas son mis “amigas documentalistas”. Nos reímos, porque todas empezamos nuestra relación como “amigas de trabajo”, pero ahora se ha convertido en algo más. Nos hemos encontrado, distanciado, reencontrado. Ahora nos valoramos y cuidamos de lo nuestro más que antes. Tenemos una larga historia.

He tenido lazos intensos y revolucionarios con esas dos generaciones, y cada una de ellas representa una época definida de mi vida. Esas épocas tienen palabras, nombres, colores que las describen.

Rosa pálido.
Capullo.
Fragilidad.
Intuiciones.
Ir a la palpa. Fracturas. Romper el cascarón. Desbrozar el monte. Pintar el horizonte. La palabra es persistencia.

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Azul aguamarina.
Intensidad.
Cosas que cuajan.
Dibujos que se revelan.
Senderitos rutilantes que no desaparecen de noche. Iluminaciones. El cielo desciende hacia la tierra. La palabra es tejido.

Con la primera de esas generaciones llevo “en cortejo” más de veinte años.
Con la segunda algunos menos.

Me encanta verlas juntas porque el paisaje que componen me hace ver con claridad mi propia evolución, la mezcla de cosas de las que se compone mi vida, hoy por hoy y también a lo largo.

Pese a la baraja de generaciones, unas y otras nos hemos mezclado por dentro como batidos hechos de cosas muy ricas, y de esa mezcla hemos sacado combustible para nuestra propia vida: fuerza y confianza para navegar los divorcios, las enfermedades y las crisis laborales, pistas confiables para adentrarnos en nuestros bosques salvajes, imágenes brillantes a las que acogerse para imaginar una vida transformada, avances, nuevos diseños para los propios días.

Nuevos modelos de mujer: nuevas palabras, nombres, colores.

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Que hemos hecho propios.

Como gotas de acuarela que se mezclan en un barreño de agua clara.

Unas para otras hemos sido, cada una en un momento, diosas, hermanas y madres: lo que cada una no ha tenido, de alguna manera las otras se lo han dado. Modestamente, a pequeños ratos y en pequeñas dosis, casi con la capa de invisibilidad de Harry Potter puesta de continuo.

Y sin embargo, con qué formidable eficacia nos ha funcionado…

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Las de la segunda generación han traído a sus hijas, dos bellezas en formación con las que sigue hilándose ese hilo rojo del que nos hablaba Merxe cuando fue a traer desde Oriente a su hija Ángela.

En sus caritas se componen y descomponen, como en cuadros fugaces de caleidoscopio, los rasgos y los gestos de sus madres.

Y sí, hoy es imposible no acordarse de Merxe, que desde luego campa aquí entre nosotras, risueña y preciosa, como Yoda en la fiesta final de El retorno del Jedi.

Se hubiera vuelto loca con los muffins y con el pan de frutas. Y con las dos chiquillas.

A menudo pienso, cuando estoy con ellas, que cada mujer tiene dos linajes verdaderos, y el de sus amigas termina siendo más poderoso que el de su sangre.

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El nuestro chisporrotea de vitalidad como un cable recorrido por una energizante corriente eléctrica.

No hay más que mirarlas.

Vaya trío de diosas.

(y con la Mer, dobles parejas).
.

-suspiro de arrobo y de melancolía-
.
.

Ya es otoño, y a mí el cuerpo me sigue pidiendo higos, cereales, queso.

Pero por las mañanas ya hace fresco, 14º, casi la temperatura del invierno en estas latitudes, y empieza a apetecer el café con leche caliente con bizcochos de fruta que huelen a especias.

Así es que un poco de todo eso les he preparado a mis pequeñas diosas en evolución (porque es así, estas tres mujeres que me gustan tantísimo llevan toda su vida evolucionando, y a estas alturas de la partida ya lo hacen mucho mejor que los pokemones):

(éstos últimos para el puntito de recreo cuasi-vicioso, que al fin y al cabo es un desayuno de fiesta y algún regalo debe haber).

Luego si eso ya pondremos tuppers (como dicen mis hermanos: filosofía Medinita al 100%, que la vida es corta y el invierno largo) 😀

Y como algunas historias son más difíciles de contar que de mirar, pues aquí abajo dejo unas cuantas piecitas de puzzle.

Llegaron a las 10, y cuando nos vinimos a dar cuenta eran las 2 de la tarde.

Resplandeciente mañana de sábado, que apetece tanto repetir en el próximo equinoccio…

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La cocina tiene que ver con la recreación de la infancia tal como uno quería que hubiese sido, conservando todo lo que fue maravilloso en tus primeros años y eliminando a la vez las causas de la aflicción. Recordamos el alboroto de las mujeres, los tibios pasteles y los aromas en el aire, el vínculo entre comida y afecto, el envolvente abrazo del revestimiento de las encimeras y los hornos, el pálpito de que una siempre podría encontrar allí a la madre.

Nora Seton, Confidencias

Supongo que también hay mucho de eso en mi cocina. Y estoy contenta porque lo consigo, el encantamiento funciona. He aprendido a reconocer y a disfrutar esa presencia de la madre que se vuelve suficiente para que el mundo se mantenga en orden aquí y allá, en todo lo bueno que tengo cerca.

Y hoy, de eso bueno, tenía toneladas.

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Final de El retorno del Jedi. George Lucas, 1983.

La leyenda del hilo rojo:
“Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza. Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda. Y en el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente… Al levantárselo, vio que ese hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente…”

{cerámica}

  1. taza azul pálido: Fine English Bone China. Tuscan. Inglaterra, 1947.
  2. taza blanca con dibujos de diente de león: English Fine Bone China. Thistledown. (Soulton & Co.). Inglaterra, 1940.
  3. tazas y jarras blancas con topos azules: vajilla sin referencia. Porcelana española. Años 60.
  4. jarra y vaso azul con topitos blancos: Greengate.
  5. platos y cuenco marfil y azul con relieve bajograbado: Greengate.
  6. plato blanco con orla fruncida: Southern Living. Savannah Collection. Gres porcelánico. Portugal.
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6 Comentarios

  1. Una mañana difícil de olvidar. Gracias Fernanda por el cariño que pusiste en cada plato.

    • En efecto, una mañana difícil de olvidar. Y de éstas espero que podamos atesorar muchas. Un beso gordo.

  2. Gracias Fer, y gracias a todas. Y a R. por captar tan bien la maravillosa sensación de estar juntas, cuidadas, conscientes.
    De alguna manera, somos parte de esa cinta roja. Tenemos cicatrices y amamos.

    • Qué bonito Marina. Y además es verdad. Qué ajustadas esas tres palabras: juntas, cuidadas, conscientes. Un beso muy fuerte.

  3. Precisoso todo¡¡ las amigas, la bonita mesa con esas ricas comiditas hechas por ti con tanto amor, Todo un conjunto alegre de detalles. Felicidades Fer
    pilar

    • Mi querida amiga que siempre está ahí, qué generosa eres. Que tengas un buen día princesa! Un beso grande!

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