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Escrito por el Oct 7, 2015 en cocina de cosecha | 5 comentarios| etiquetas: ensaladas, gambas, granadas, otoño

gambas con granada

deshollinadores

Hace más de una semana me senté delante del teclado, como hago tantas veces, a intentar aclarar mis ideas y hacer orden con ellas.
Para mí hacer orden significa domesticar.
Significa coger un revoltijo que causa sobre el ánimo ese efecto desmoralizador que provocan los monstruos de debajo de la cama en la imaginación de los pequeños cuando van a acostarse, y diluirlo, colocando una lucecita imaginaria debajo de la cama.

Había pasado la semana preocupada por incidentes desagradables en el trabajo, encontronazos repentinos que no eran sino el ascenso a la superficie de las burbujas de un desencuentro más profundo, burbujas que llevaban hirviendo desde hace tiempo en el fondo del caldero.

Escribí una entrada amarga y dura. La terminé, la cerré.

Me decía a mí misma que yo no escribo así, que eso no era propio de mí.

Y que los que estáis al otro lado esperáis, precisamente, ese otro tono, esas cosas distintas que vienen después de que lo que no nos gusta haya pasado por un tamiz.

Que había que dejarla empolvarse, porque había que encontrarle una continuación.

Y cuando la encontrara, entonces quizá sí podría escribir una entrada.

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Al final me escuché a mí misma, y la dejé empolvarse. Y hoy la retomo, porque ya he encontrado el capítulo de continuación.

Pequeños incidentes me han proporcionado el cabo del que tirar dentro de la madeja.

Hablando con dos compañeros estupendos de esto que nos pasa en el trabajo (porque, obviamente, esto no me pasa sólo a mi; el peso de una empresa enferma afecta a todo el mundo, a cada uno en función de su propia sensibilidad), cada uno de ellos me ha dicho algo que me volvió a colocar en el buen camino.

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Ella me dice que las personas bondadosas y alegres son capaces de segregar un círculo de bonhomía que se extiende en el alrededor cercano y lo mantiene fresco, limpio y transformado.

Mientras que las personas enfermas y agresivas, las personas negativas, generan un clima que es como un nube de hollín: rápidamente lo invade todo. No sólo el ambiente más cercano.

Tal como han contado siempre los cuentos de hadas, el poder del mal siempre es más expansivo que el del bien. Las tres hadas buenas sólo pudieron dulcificar el hechizo de la única hada mala.

Y en la vida real sucede lo mismo.

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El mal siempre puede más; es lógico, juega sin límites, sin reglas, sin códigos, sin sentimientos, sin cortapisas. Cuando se pone a ello, siempre lleva las de ganar.

El humo espeso que esparcen las personas tóxicas (violentas, falsas, manipuladoras, negativas, sin escrúpulos) se expande como el rastro de un incendio. Y lo deja todo manchado de ceniza.

Él me dice que en las empresas (o comunidades, familias, parejas) donde pasa eso, por mucho que procures refugiarte en un aislamiento digamos higiénico, todo ese hollín flota sobre tu cabeza y te envuelve, quieras o no quieras. Segrega una presencia plúmbea y poderosa que no puede dejar de sentirse como una opresión indefinida.

Y después ha llegado el tercer incidente, el definitivo. Una persona nueva, positiva, eficaz, competente. Fresca, no contaminada. Ha sido como cuando diluyes una gota de tinta china en una vasito de agua clara. Ha cambiado todo el color, aligerándolo deliciosamente.

Y me ha recordado tres cosas muy importantes.

Una: como ya escribí aquí, es bueno mantener una distancia preventiva con algunas personas. No hay de qué sentirse culpable. Es simple protección del espíritu.

Dos: lo peor de la violencia son los cómplices. Los que callan, los sibilinos, los que ríen las gracias, los que hacen como que no pasa nada, los que no quieren implicarse, los que miran a otro lado, los que disculpan, los que conniven con ella pensando que no les mancha.
Error.
La violencia es como el petróleo. Mancha siempre.

Cuando en lugar de un cómplice, delante de la misma violencia tienes cerca a alguien que se coloca luminosamente en el otro lado, todo cambia.

Y no cambia porque esté de tu lado, sino porque está en contra de lo que hay en el otro lado, esté quien esté en él, y esté quien esté en éste.

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Y tres: si sientes que necesitas aire fresco, hay que abrir las ventanas. Sí, o sí. Y ya.

Es posible que, como decía mi compañera, el efecto de la positividad personal sea más bien local, y pueda poco contra los males telúricos de las grandes dinámicas envenenadas.

Pero cuando tienes la suerte de tenerlo cerca… A ese hermoso km 0…

pues…

qué descompresión…

y qué gozo…

gambas con granada

{para dos personas}
  • seis buenas gambas (las mías, ralladas de Denia y bien hermosas. Como es una cosa que sólo hago una vez al año, pues tira-li, Martí…)
  • entre 80 y 160 gr de arroz basmati, según la idea de plato que llevemos
  • una granada
  • sésamo negro
  • tres rabanitos
  • perejil picado
  • un pepino picado muy fino (opcional)
  • unos brotes de rábano y de alfalfa (o cualquier otro)
  • {y para la melaza de granada}

    • 200 cc de zumo de granada
    • 1 diente de ajo muy picado
    • 50 gr de azúcar moreno
    • 2 cucharaditas de vinagre balsámico

    Septiembre. Han vuelto las granadas. Qué maravilla…

    Hay que hay que disfrutar la temporada con ahínco.
    Así que hoy este plato ligero, afrutado y sabroso.

    Y aún haremos más antes de que el invierno nos alcance…

    Ponemos el sirope de granada con el azúcar a hervir.
    Dejarlo reducir hasta la mitad.
    Añadir el vinagre balsámico.
    Seguir cociéndolo a fuego suave hasta que adquiera la consistencia de un jarabe.
    En total llevará entre 20 y 40 m, dependiendo de la fuerza del fuego y de la sartén.
    Quitar del fuego y reservar.

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    Pelamos las gambas. Si nos gusta, les dejamos puesta la colita.

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    Lavamos el basmati con agua clara en la cazuela donde lo vamos a hervir, un par de veces, para aligerarlo del almidón.
    Podemos dejarlo reposar un poco en la última agua clara, antes de escurrirlo.
    Lo colocamos de nuevo en agua fría y limpia, que lo cubra y lo supere un poco, un dedito.
    Añadimos sal.
    Unos 15-20 minutos de cocción desde el inicio bastarán.
    15 m si ha estado en remojo.
    Vamos controlando mirando los granos, comprobando que no se abren.

    El basmati tiene un perfume maravilloso, y cuando se consigue su punto de cocción, es un acompañamiento de una delicadeza inigualable.
    Escurrimos y reservamos.

    Picamos el perejil muy menudo.

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    Desgranamos la granada.
    A mí me gusta hacerlo al modo tradicional, partiendo la cáscara, separando las diferentes cavidades por sus membranas y sacando las semillas levantándolas suavemente con el pulgar; pero se puede hacer partiéndola por la mitad, colocándola boca abajo sobre un cuenco y dándole unos golpecitos sobre la corteza con una maza de madera (como la del mortero) o con una cuchara.

    Mezclamos el basmati con la granada, el perejil, el rabanito, el pepino y el sésamo.
    Añadimos sal y un chorro de un buen aceite de oliva, afrutado.

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    Pasamos las gambas por la sartén caliente y con unas gotas de aceite de oliva, rociándolas con sal y un poco de pimienta, más o menos un minuto por lado, según su tamaño, hasta que comiencen a cambiar de color.
    Conviene que no estén muy hechas, a no ser que las prefiráis de otra manera. Retiramos las cabezas. Las congelamos para un caldo. Desglasamos la sartén con un pequeño chorro de brandy.

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    Calentamos de nuevo el sirope de granada y las sumergimos en él unos segundos, hasta que se recubran de una bonita capa color magenta.

    En un cuenco pequeño depositamos una capa de arroz (40-60 gr por persona). Rociamos con el desglasado de la sartén. Encima, las tres gambas. Y unos brotes. Unas gotas de aceite de oliva. Unas gotas de sirope. Y listo.

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    O lo colocamos en un cuenco más ancho, con más cantidad de arroz (80 gr por persona), si queremos hacer un plato más consistente.

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    Y también podemos enmoldar el arroz con un arito (40 gr por persona, recordad empujarlo bien con una cuchara antes de desmoldar para que haya poco aire, como hacíamos con los castillos de arena), y colocar las gambas y los brotes por encima.

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    Un plato precioso, ligero, completo, reconfortante, que levanta el ánimo y lo equilibra, porque lleva dentro la luz blanca, calmada y enlentecida del otoño.

    Feliz comienzo de estación.

    Feliz semana a todos.

    Esta receta es una adaptación de la receta de Heather Cristo, Pomegranate Glazed Shrimp.

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5 Comentarios

  1. Me encanta leerte porque eres tan humana y haces sentir que no solo a una le pasan males. Y es qué es así, ahí estamos nosotras para torearlos y sacar buena actitud y aprendizajes. Los problemas laborales agotan pues se dedica mucho tiempo al trabajo…ojalá se resuelvan los tuyos y mientras tanto hazte una coraza.

    En cuanto a la receta, son casi las 9 de la noche, y estoy salivando según la leo. Me encantan esas combinaciones de sabores, y con granada! demasiado! El zumo de granada ¿lo compras?

    Un abrazo-beso

    • Hola bonita, muy buenos días! Gracias por tu consejo, esa coraza me vendrá de perlas. No se me da muy bien pero al final aprendes eso como las demás cosas. Espero que tú estés en una época laboral más dulce. El zumo de granada lo compro, aquí lo encuentras siempre en las tiendas de productos ecológicos, aunque ahora también hay en muchas grandes superficies. Que tengas un día estupendo! Aquí esta noche empezamos un puente de cuatro días… Maravillooosooo maravillooosooo!! Besos fuertes!

      • Gracias Fer, buscaré el zumo…
        Disfruta del puente!! Besos

    • Hola Fer. Te escribiría siempre unas líneas diciéndote lo que me gustan tus palabras y tus guisos, por no hablar de las fotografías… Hoy no he podido resistirme porque justo ayer le hablé de ti a una nueva amiga que es vegetariana y a la que invité a comer haciéndole mis primeras berenjenas Ottolhengui de la temporada. Se quedó entusiasmada con el plato y ya le he pasado la receta y el enlace de tu web.
      En cuanto al contenido de tu escrito de hoy, me siento identificada y si hay algo que he aprendido en mi ya larga vida laboral, es a respirar hondo y a no dejarme contaminar por los vampiros de energía y de humor que tanto proliferan en los trabajos. Incluso sigo practicando el papel de conciliadora porque me doy cuenta de que conlleva muchas más victorias que derrotas, que también las he tenido.
      Tu receta de hoy reúne ingredientes de los que más me gustan, tiene que estar deliciosa.
      Los granos rojos de la granada no me digas que no son una maravilla de la naturaleza… Tengo unas copitas de licor del ajuar de mi madre de esas de mírame y no me toques, que a veces en mesas que preparo otoñales, las lleno de granitos de granada y algún licor seco y desconocido, como Mirto de Cerdeña o Pommeau de Bretaña, las mezclo en la mesa con velitas y te aseguro que dan una visión preciosa y optimista. La próxima vez te hago una foto vale?
      Un abrazo,

      • Lola! Qué alegría! Qué estupendas las berenjenas Ottolenghi. ¿Ya tienes Jerusalen? Yo sí. Qué bonito libro, y qué preciosa la introducción. Tiene que ser una persona de las que vale la pena conocer. Y hablando de lo otro, la verdad es que me alivia mucho ver que no soy la única a la que le pasan estas cosas en el trabajo. No es una buena noticia, pero a mi me alivia. Y me quedo con eso que me dices, que me ha hecho pensar mucho: no dejarte contaminar y ser conciliadora. Que es una gran manera de ser generosa, y de demostrar la propia independencia emocional. Y hablando de tus mesas, esas copitas con brillos de color granada, que puedo imaginarme entre velas sin ningún esfuerzo… tú también eres de esas personas que vale la pena conocer. Gracias Lola. Los tuyos tienen mucha suerte. Te mando un fuerte abrazo, Fer

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