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Escrito por el Oct 16, 2018 en cocina de cosecha | 2 comentarios| etiquetas: cebollas, escalonas, otoño, queso de cabra, tartas saladas, tatin

mini tatin de escalonias

· mini tatin de escalonias ·

 · para cuatro mini tatin · temperatura del horno: 185º · dificultad: fácil · estado de ánimo: suntuoso ·

 

  • dos mallitas de escalonias
  • un puñadito de ramas de orégano o mejorana y de tomillo fresco
  • 2 cucharadas de miel
  • 3 cucharadas de azúcar y media nuez de mantequilla(opcional)
  • 6 medallones de queso de cabra
  • 2 láminas de hojaldre
  • pimienta rosa o negra recién molida
  • un chorrito de vinagre de Módena

 

 

En una sartén amplia y de fondo grueso, colocar la mantequilla y la cucharada de aceite de oliva. Fundir la mantequilla sobre la lámina de aceite, y añadir sobre ella las escalonias enteras, rociándolas con sal, pimienta, y las hojas de tomillo y orégano o mejorana.

Dejar a fuego muy suave 15 minutos, moviéndolas de tanto en tanto.

Añadir la miel y el chorrito de vinagre de Módena.

Dejarlas 10 minutos más. Estarán caramelizadas, blandas y doradas.

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Si se quiere que las tartitas tatin queden marcadamente dulces, preparar un poco de caramelo colocando tres cucharadas de azúcar y una cucharada de agua en una sartén. Dejarlo a fuego medio hasta que se disuelva por completo el azúcar, sin removerlo con cuchara, todo lo más moviendo la sartén en círculos, y lo dejamos hasta que cambie de color y alcance un tono miel. Añadimos entonces media nuez de mantequilla, y removemos con una varilla y decisión.

Sacarlo entonces del fuego rápidamente y verter una capa fina de caramelo sobre las coccottes que tendremos preparadas.

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Si se desea un plato donde el punto dulce sea un matiz y se consiga solo con el caramelo natural de las cebollas, colocamos directamente sobre el fondo de las cocottes las cebollitas, una junta a otra, formando una capa.

Si hemos colocado caramelo, arreglamos las escalonias sobre él.

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Sobre la capa de escalonias ponemos uno o dos medallones de queso de cabra, troceado o entero, según el tamaño de nuestras cocottes, para que forme otra nueva capa completa, y lo rociamos con más hierbitas: hojitas de tomillo, hojitas de mejorana, pimienta rosa.

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Por encima, dejamos caer una capa de hojaldre, remetiéndola por los lados.

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La pincelamos con huevo batido con un poquito de agua, y las horneamos a 185º durante 30 minutos.

Aún calientes pero después de haber reposado en los moldes fuera del horno 10 minutos, las desmoldamos sobre pequeños platos o sobre cuencos planos.

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Las servimos calientes o tibias, acompañadas de una ensalada verde, dulce pero refrescante: canónigos, brotes de alfalfa, escarola, rúcula, lechuga romana.

Me gusta este plato en esta época porque para mí, la cebolla glaseada es uno de los sabores del otoño, otoño rubio que se va volviendo castaño con el paso de los días.

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En los campos de huerta cercanos a mi casa lucen estos días las cebollas tiernas, listas para la cosecha, asomando las cabecitas blancas en largas hileras rectilíneas, nácar traslúcido brillando a lomos de los caballones de tierra roja.

Es un espectáculo que hace respirar hondo.

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La verdad es que vivir cerca de la huerta hace que una tenga fácil lo de vivir en medio de un síndrome de Stendhal permanente…

Feliz semana a todos.

 

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2 Comentarios

  1. Hola Fernanda,
    (…)

    versión luxury 🙂 De súbito ha venido a mi cabeza un recuerdo de hace muchos años. Mmm… yo tengo muchos años pues algo así como mismuchosaños/2 :-p

    En aquel entonces tenía yo menos dinero que El Equipo A. En noches frías de invierno la cena iba de calentarse como uno podía. Cebolla lo más gorda posible (son baratas) cortada al medio y en el horno. Y cuando la sacaba le ponía encima un trocito de queso. Del más barato que hubiera encontrado, no estaba uno para dispendios.
    Era algo sencillo, pero el calorcito del horno, el dulzor de la cebolla, era como tener una mantita alrededor de uno durante unos minutos.

    Besos. (…) (…)

    Jose

    • Cuando los niños eran pequeños, muchas noches preparaba algo muy parecido a tu cebolla-de-ahorrador. Metía en el horno patatas sin pelar, cortadas por la mitad y marcadas en damero rociadas con sal, aceite del bueno y pimentón dulce, y una cebolla entera y sin pelar para cada uno. La cebolla se asaba dentro de su piel, que se chamuscaba como periódico. Las pelaba abrasándome los dedos y de esa piel crujiente salía una cebollita traslúcida, melosa, acaramelada, deliciosa. Pura gloria modesta y sencilla. Comida de diodas del hogar, siempre he pensado. Feliz noche querido.

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