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Escrito por el May 29, 2015 en cocina de cosecha | 9 comentarios| etiquetas: brócoli, cebollas, hojaldre, pollo, primavera, sueños

ensalada de pollo con tejado

miramar

Junio al alcance de la mano, después de este mayo de deliciosa primavera, que nos ha regalado tardes y mañanas frescas, mediodías radiantes y un mundo en flor.

Igual que cada uno tiene sus lugares inexistentes a los que puede ir, imaginándolos con todo lujo de detalles, cuando necesita que el mundo se pare un poco, también tenemos pedazos de sueños que hemos ido componiendo con el tiempo y que son como botes de cristal llenos de aire del mar.

Desde hace muchos años, hay un sueño que me alimenta las fuerzas cuando el verano se acerca, las vacaciones aún están lejos y mis fuerzas ralean un poco ya.

Éste es mi sueño:

Conducir hasta el mar en el aire caliente. Cuando el coche se acerca, como cada vez, detenernos en la última curva, para poder abarcar de un vistazo toda la bahía azul orlada de crestas blancas.

Salir del coche y notar cómo el viento marino nos despega de la espalda la camisa mojada de calor. Sentir el perfume del mar en los pulmones y el salitre como saliva húmeda en la piel.

Y entonces conducir la última curva, quitarse el reloj antes de bajar del coche, coger la bolsa ligera que llevamos, cerrar las puertas y olvidarse de todo lo que nos había tenido ocupados hasta llegar ahí.

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Al poner los pies en el suelo la casa está ahí, bonita como un barco, dejada caer sobre el lienzo del mar, simple, limpia, sin adornos, amplia y blanca como un velero con toda la jarcia desplegada. Como si estuviera esperándonos.

Cruzar el jardín, entrar y abrirla enseguida, todas sus ventanas azules abiertas como párpados, y sentir llegar esa sensación de estar en medio de una corriente de agua, completamente al alcance del viento…

Hay un cuarto en la torre, en el miramar*. Un cuarto amplio, blanco, con hermosas ventanas, largas cortinas de muselina blanca, baldosas frescas en el suelo.

En el jardín la higuera está llena de higos, y en la sombra de las palmeras hay una ducha.

El agua está caliente por el largo roce del sol.

Ducharse en el aire tibio que señala el atardecer, dejando que todo lo que traías encima se disuelva sobre la hierba, y subir al miramar envueltos en toallas, con un vaso de ginebra con hielo, menta y lima verde.

Abrir las contraventanas azules y desplegar los grandes ventanales, notar cómo el viento del este cruza la habitación como un arroyo. Huele a sal, a hojas de higuera, a pinocha, a adelfas al sol. Al frescor azul del mar.

Y tumbarnos sobre la cama a beber despacio mirando las ondulaciones de las palmeras enmarcadas por la madera azul.

Al principio mirándolas, después sin mirarlas ya, aunque con los ojos encima de ellas, dejándose ir de vez en cuando hacia las vigas del techo, pintadas del mismo azul calizo, dejándose ritmar por el movimiento constante y agradable de las hojas, que oscilan como verdes abanicos desflecados…

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Dejando entrar y salir de nuestras cabezas hilos de pensamientos y de recuerdos, todos gratos…

Es el efecto que la casa tiene siempre sobre nosotros, y ahora lo único que hemos de hacer es entregarnos a ese delicioso no-hacer, no-esperar…

Ése es mi sueño.
Ha sido real algunas veces.
Y eso le ha dado más poder.

Así que cuando estoy muy cansada lo saco y lo aireo.
Lo despliego dentro de mí como una sábana que se hace descender sobre un colchón, y él me rehace, me rehidrata, me devuelve el color a la cara.

Junio está al alcance de la mano…
y nuestros sueños también…

ensalada de pollo con tejado

  • 1 pollo de unos 2 kilos (en mi caso, orgánico)
  • medio vaso de brandy
  • mantequilla a temperatura ambiente
  • sal y pimienta
  • un manojo de orégano (o de tomillo)
  • 2 limones
  • 1 brócoli pequeño
  • 2 cebollas tiernas
  • 1 manojo de cebolletas
  • 1 puerro
  • dos puñados de guisantes congelados
  • 15 patatitas francesas
  • cuatro cucharadas soperas colmadas de mayonesa
  • 150 cc de nata líquida
  • 1 cucharada sopera de mostaza antigua
  • 1 cucharadita de mostaza de Dijon
  • 1 cucharada de salsa de soja
  • 1 lámina de hojaldre refrigerado
  • un huevo batido para pincelar el hojaldre

Calentar el horno a 180º.

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Colocar el pollo en una fuente de horno, cortar los limones en cuartos y rellenar la cavidad del pollo con ellos y con el manojo de orégano.

Untarle concienzudamente la piel con la mantequilla, frotándolo por ambos lados. Dejarlo con las pechugas hacia arriba.

Rociarlo con el brandy, sazonarlo con sal y pimienta.

Introducirlo en el horno y asarlo una hora y media, en tandas de media hora, dándole la vuelta cada vez.

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Sacarlo del horno y dejarlo reposar tapado con papel de aluminio mientras se enfría.
Recordar que en aproximadamente media hora necesitaremos tenerlo caliente otra vez a 185º.

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Mientras, cortar el brócoli en florecitas, y pasarlas al vapor 5 minutos, para que queden crujientes y con ese precioso verde esmeralda brillante.

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Pasar los guisantes al vapor el tiempo indicado, y las patatitas lavadas 15 minutos.

Pincharlas para estar seguros de que están tiernas, sacarlas de la vaporera y darles una vuelta en una sartén caliente con mantequilla hasta dorarlas un poquito.

Espolvorearlas con sal y pimienta. Dejar que se enfríen, y partirlas por la mitad.

Cortar las cebollas en gajos, el puerro en aros, y las cebolletas también, una vez limpias, descartando las hojas verdes más duras, y después incluyendo al picar la mayor parte de los tallos verdes restantes.

Sofreír las verduras juntas a fuego suave en una sartén con aceite hasta que estén lacias, unos 15-20 minutos.

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Deshuesar el pollo y desmigajarlo en trozos no muy pequeños. Verter sobre las migas los jugos de la bandeja de asar.

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Unirlo en una fuente que pueda ir al horno con el brócoli y las verduras.

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Batir juntos los ingredientes de la mayonesa de mostaza, probar el punto de sal y corregirlo si es necesario, y verter la salsa en la fuente.
Mezclar ligeramente.
Esparcir por encima unas hojitas de orégano o de tomillo.

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Tapar la fuente con la lámina de hojaldre y fijarla en los bordes de la fuente con los dedos, cortando el sobrante con un cuchillo afilado. Pincelar con huevo batido y hacer un cortecito en el centro para que deje escapar el vapor durante la cocción.

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Cocer durante 30-35 minutos, o hasta que el hojaldre se vea dorado y tentador.

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Servir caliente. Y a disfrutar.

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Feliz semana a todos!

*Un miramar es una torre elevada sobre la azotea de una villa, que solía contener una sola habitación, y cuatro ventanas a los cuatro puntos cardinales. Es una construcción típica del levante valenciano, tanto de las casas marítimas como de las de huerta, jardín y ciudad. A mí me encantan los miramares, y la ciudad, aún ahora, y pese a la escasa protección urbanística, está llena de ejemplos maravillosos de esta hermosa costumbre. Y aún más en las muchas villas de mar, sobre todo en las que eran lugares de veraneo tradicional, pero también en toda la huerta.

“Los moros tenían minaretes, desde los cuales elevaban sus oraciones. Los cristianos que les sucedieron en el dominio de la ciudad trocaron los minaretes en miramares. Necesitaban de cuando en cuando adorar a su bella naturaleza (…) A los valencianos gustábales contemplar su mar, no perderlo de vista, y por ello construían estos miradores que llamaban miramar. Una puertecita del porche comunicaba con el terrado, y en el centro de éste elevábase el miramar. Había que subir por una escalera de tijera. Primero se tropezaba con una habitación cuadrada, con ventanas a los cuatro vientos. Allí solía guardarse un anteojo de larga vista plegable (…) ¡Qué gustosamente se saboreaba Valencia desde aquellos miramares!”.

Teodoro Llorente Falcó

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9 Comentarios

  1. QUÉ RICO ESE HOJALDRE CON EL CONTENIDO DE LA FUENTE,SOLO LE FALTABA UN POQUITO DE BECHAMEL PARA MÁS TRABAJO DE LA COCINERA¡¡

    • Jajajaja!!! Sí, como estoy con la operación bikini he cambiado la bechamel por mayonesa de mostaza!! (que noooo, que noooo) (quiero decir que creo que me voy a olvidar para siempre de eso de la operación bikini, que trae muchos sufrimientos 😉 Un beso Pilar, y buenas noches de domingo…

  2. Hoy te has pasado con la receta, de rica me refiero :). Adoro estos platos tan elaborados, que se hacen a su ritmo, y que por las fotos debe estar delicioso.

    Me ha encantado ese sueño, me parece una buena idea, dejar volar la imaginación y soñar despierta….

    Muchos besos Fernanda y ánimo que el verano está a la vuelta de la esquina!

    • Qué bien que te guste la receta, Ana. A los chiquillos les encantó, buena cosa es ésa, no? La verdad es que un plato de esos que te conduce a través de una mañana, pero creo que vale la pena, a mí me gusta ese ritmo tranquilo de la cocina en los días de fiesta. Muchas gracias Ana, sí, tienes razón, ya queda menos, ya queda menos… Aiiii qué ganaaaaas!! Un beso preciosidad.

  3. Hola Fernanda,
    buff… el mar. La mar. No hay día y noche que no lo eche de menos. Su sonido, su arrullo; su respiración.

    Con respecto a la receta, estaba convencido de que el guiso en croute era envolviendo la totalidad del alimento en una masa de pan.

    Sotes.

    • Hola Jose… así que a ti también te pasa eso del mar… a mí en estas fechas me agarra y ya no suelta hasta Navidad.

      Y sí, claro, ¿qué te voy a decir yo a ti de lo que es cocer en croûte?
      Así que he cambiado mi “licencia” por una licencia poética más absoluta, así no induzco a dudas… 😉 Y que sepas que he añadido lo de cocer en ciego en mi receta anterior… los buenos consejos deben aprovecharse en lo que valen. Qué haría yo sin ti?
      Espero que pronto puedas escaparte a oír esa respiración del mar que a unos cuantos nos alimenta tanto… (y que creo que tú tienes la suerte de tener cerca, como yo). Un beso, gracias y buenas noches.

      • Hooola Fernanda,
        ¡qué va! Vivo en Madrid, me pilla pelín a trasmano cualquier mar. De hecho hace una década que no lo veo 🙁

        … aunque me basta cerrar los ojos para verlo, escucharlo e incluso olerlo.

        Sotes,

        Jose

  4. A ese delicioso no-hacer, no-esperar… pero que bonito. Cómo me gusta leerte. Yo también me entregaría sin dudar a este sueño. Las fotos me han llevado por un momento a él. Y tu receta como siempre deliciosa, me encanta las fotos del paso a paso. Ya hace tiempo que quiero escribirte para ver cómo podemos colaborar. Un beso preciosa

    • Hola Sonia! Muchas gracias… Se me nota que estoy desatá de verano ya, no? y sí, tenemos que hablar, la verdad es que pienso un montón en ti. Un beso bien fuerte, y feliz noche de domingo…

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