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Escrito por el Dic 31, 2014 en cocina de cosecha | 6 comentarios| etiquetas: asados, comidas de celebración, ensaladas, frambuesas, Navidad, queso azul, queso feta, salsa hoisin, solomillo

solomillo hoisin

un árbol de bolitas

Hoy estoy llenando un árbol con bolitas. Bolitas como burbujas de jabón, delicadas, resistentes, resplandecientes, preciosas.

La campanita rosa que estaba colgada de mi cuna y su nana.
El olor a musgo reciente del belén que ponía mi padre.
El olor a bosque del árbol de Navidad de casa, lleno de luces.
Aquella arquitectura de piezas de madera teñidas de colores.
Los muñequitos de siete colores que se podían aupar unos a otros.
La alfombra de pelo largo del comedor para jugar encima los sábados.
El olor a butano y a fósforo de la estufa al encenderse.

Desayunar de Parador a los siete años, aquellos zapatitos con grandes borlas rojas, la sabanita de la cuna de muñecas, con una orla de tela de angelitos, que Carmen cosió para mí.
Aquel collar de bolitas de plástico que brillaban como cristal.
Sacar tellinas de la arena.
Las olitas del mar sobre los pies de niña.

En casa. Album fotos Jose Luis.

Mi primera caja de acuarelas.
El olor turquesa del aire en el chalet azul.
Meter en sus camitas a mis muñecas.
Mi padre pintando con su caja de ceras, sentado en un escabel.
Mis hermanitos jugando a los piratas en las literas.

El pelo de mi abuela, tibio y suave como seda, oliendo a Elnett, mientras se lo ahuecaba con los dedos y la aguamarina de su sortija lanzaba chispas azules.
Mi caja de 75 ceras Manley.

playa y cubo

La cara de J a sus quince, con los ojos claros y craquelados como caleidoscopios y aquel pelo ondulado, una hermosura que cortaba el aliento.
La abuelita trayendo coquetes d’arrop y gaiatos del horno de su calle por San Blas.

La cadera maravillosa de P, cuando ella sólo tenía doce años, con aquel mini bikini que se tensaba sobre los dos huesos de la cadera como una cuerda de tender abriendo un hueco imaginario hacia su pubis que seguro que hoy recuerda más de uno.

Las portadas de mis discos de Simon & Garfukel, de Serrat, de la Bonet, de Llach.
Aquel ático lila de R.
Las manos de J, tan bonitas, y esa manera que tenía de atragantarse con las palabras cuando estaba feliz, como si tragara aire y no le cupiera todo de una vez.

Mis primeros mocasines de tacón para ir al cole. Mi primer sujetador.

1972071

Las cartas de K, que llegaban a mi casa por correo desde unas cuantas calles más allá y nunca llevaban menos de 5 folios dentro.
La manera que tenía A de sonreír con sus ojos.
Mi amiga pelirroja.
Convertirse en un cuerpo de mujer.
Aquel modo de oler a hombre de mi primer novio.

Las noches leyendo a Isak Dinesen, a Anaïs Nin y a Henry Miller en mi camita plegable de quinceañera con colchón de lana y con la lamparita de lectura que colocó mi padre.

Mi hijo en su cunita azul y blanca, recién nacido, oliendo a bebé, y concediéndome por primera vez esa palabra tan especial, “mamá”.
Mi hija en mis brazos en el hospital, haciéndome sentir la madre más segura y más afortunada del mundo. Concediéndome por segunda vez esa palabra, ahora que yo ya había aprendido a escribirla con mi propia caligrafía.

Diapo_18

Todas mis casas. Mis gatos.
Las relaciones que me han enseñado cómo soy, y qué podría llegar a ser. Tantos pasadizos, tantas adivinanzas, tanta luz, tantas largas tardes llenas de astros.

Mi compañero. Mi alianza. Nuestra cama. Piel. Aire. Música. Naturaleza. Rehacerlo todo. Un mundo completo rehecho por nosotros y para nosotros, pieza a pieza.

IMG_0568

Todos esas bolitas ahí flotando, perfectas, bellas y asombrosas como planetas.

De todas mis relaciones contradictorias hay un momento luminoso que colgar en ese arbolito.
De todas las relaciones que se acabaron. De las relaciones que aún hoy son espinosas.
Y de mis relaciones felices, que son muchas más, hay tantos…

Yo, que siempre he llevado -y llevo- tan mal las contradicciones.

Yo, educada en la rigidez de que lealtad significa inmutabilidad, significa que no se puede reaccionar consecuentemente a lo que se recibe o a lo que se desea, porque eso significaría una especie de fracaso.
Yo, que sólo ahora, en la linde de mis 50, voy aprendiendo, con esfuerzo, que el cambio y el movimiento son la más genuina naturaleza de la vida, y que moverse, avanzar, dejar ir, volverse a enlazar, son la primera ley de la vida real, de la vida intensa.

Pero mejoramos con la edad, así que yo, esta noche, coloco todas esas burbujas perfectas en mi árbol, burbujas llenas de felicidad, de asombro, de amor sincero, de corazones en efervescencia, de arrobo, de poesía, de inocencia, de esperanza, de alegría.
Y pongo a salvo todo lo que importa de verdad de las contradicciones que vinieron después, cuando vinieron.
Lo coloco en un plano que no choca con el otro.
No es que no exista; simplemente los separo, dejo de enfrentarlos, dejo de hacer como si uno anulara al otro.
Como si todo lo que hemos vivido con cada una de las presencias de nuestra vida formara un caudal de burbujas, y al final, debiéramos elegir sólo las mejores para el árbol.

En casa.

Y ese árbol es mi vida.
Todas esas burbujas de felicidad.

Sería tan bonito tener ahí delante a todas esas personas que hicieron eso junto a mí, esos momentos mágicos, esa cocina de la felicidad.
Para ponerles en las manos su burbuja, y mirarla juntos, y decir a la vez, sí, esto tan bueno es nuestro, lo hicimos nosotros, lo hicimos juntos. Y luego volver cada uno a su lugar. Con más brillo en los ojos.

Aunque no estén, en realidad hoy están igual.
Empezando este año nuevo conmigo.
Que va a ser un año muy especial.
Porque como saben todos los que fabrican compost, siempre llega un día en que la cosa va de milagro.

Y ese día está cerca.

Muchos de los que vais a leer esto hoy, tenéis vuestras burbujas en mi árbol.
Y quiero daros las gracias a todos.
El mundo es un lugar maravilloso, y lo sería igual aunque ya no estuviéramos ninguno de nosotros; pero como afortunadamente lo estamos, para mí lo es mucho más porque todos vosotros estáis dentro.

Queridos todos, queridos amigos, constructores de momentos felices, antiguos y recientes, lejanos y cercanos, a los que puedo poner cara y a los que no, a todos, a todas, de todo corazón,

 

 

¡MUY FELIZ AÑO NUEVO!

.
.

solomillo con salsa hoisin y ensalada de invierno

{para cuatro personas}
  • una pieza de solomillo de ternera, de unos 800 gr
    (calculamos unos 150-200 gr de carne por persona)
{para la salsa hoisin}
  • 120 gr de mermelada de melocotón
  • 60 gr de salsa hoisin (se encuentra en los supermercados de productos asiáticos y en grandes superficies especializadas)
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 2 dientes de ajo pelados y picados
  • 2 cucharaditas de raíz de jengibre fresca rallada
  • 2 cucharadas de vinagre balsámico blanco
  • sal y pimienta

Precalentar el horno a 190º.

Derretir la mantequilla en una pequeña sartén. Añadir el ajo y el jengibre y saltear 40 segundos. Añadir la mermelada, el vinagre y la salsa hoisin, remover hasta amalgamar, añadir sal y pimienta y dejar cocer a fuego muy suave dos-tres minutos. Listo. Con esta salsa barnizaremos la pieza de carne para asarla en el horno.

Doramos la pieza de carne en una sartén son aceite de oliva hasta que tenga un color uniforme, sin salarla.
La retiramos y la colocamos sobre la bandeja de asar enaceitada, dejamos caer un chorrito de vino blanco alrededor para evitar que la salsa que caiga sobre la bandeja se queme demasiado.

En casa. Nochebuena

Pincelamos la carne generosamente con la salsa y la colocamos en el horno caliente.
Un par o tres veces durante la cocción volvemos a pincelar la pieza con la salsa.

En mi horno con 20 minutos de cocción la pieza, que era grande, porque la mía pesaba un kilo trescientos gramos, estaba a 54º de temperatura interior en el punto central. Esa temperatura es perfecta si la quieres preparar al punto, incluso algo menos, 52º. Abajo tenéis las temperaturas de referencia.

En casa. Nochebuena

Si no tenéis termómetro de cocina (pero es uno de esos cacharros en los que vale la pena invertir, para los asados no hay nada como comprobar la temperatura), en 20 minutos o algo menos, con horno bien precalentado, una pieza de un kilo estará lista. Hacer una cata delgada y profunda en el centro y sacad un filetito si estáis cociendo a ojo y no os sentís seguros, siempre procurando no pasaros de tiempo.
Es mejor quedarse corto que obtener una pieza seca.
Con la pieza caliente, siempre se puede volver a meter en el horno unos minutos más hasta que alcance el punto justo.

Si tenemos termómetro de cocina, las temperaturas de referencia son éstas:
cuando la carne, en el centro de la pieza, esté a 49º, la pieza está muy poco hecha. A 52º, hecha. A 54º, al punto.
A 60º, bastante hecha, y a 71º, muy hecha.

La sacamos y la colocamos en la fuente de servir. La salpimentamos. Volvemos a pincelarla generosamente con la salsa.

En casa. Nochebuena

La sacamos entera, o ya cortada, en filetes muy finos, como si fuera roastbeef, y rociada con el resto de la salsa hoisin, que ha quedado oscura y aterciopelada al atemperarse y que tiene un perfume maravilloso.

En casa. Nochebuena

Como acompañamiento, preparamos una ensalada de invierno con peras Roma o Conferencia, frambuesas, granos de granada, berros, canónigos, lechuga dulce cortada muy fina, hojas de acelga roja (Florette tiene una bolsa de hojas de invierno que se llama Gourmet + Savia roja, que creo que podéis encontrar en estas fechas en todas las grandes superficies, y que es perfecta para esta ensalada), anacardos, pistachos pelados, trocitos de queso feta y trocitos de un buen queso azul.
La calidad de los dos quesos mejora increíblemente el sabor de esta ensalada refrescante, crujiente y tan bonita.

La aliñamos con una vinagreta muy bien batida hecha con 3 cucharadas de un buen aceite de oliva virgen extra afrutado, 1 cucharada de vinagre balsámico, 1 cucharada de jarabe de arce, una cucharadita de mostaza antigua y una cucharada de salsa de soja.

En casa. Nochebuena

Yo acompañé la carne también con un cuenco de huevo hilado. Me levanté temprano y me fui a una de las pastelerías con más pasado del centro, y me traje una bandejita con 250 gr de huevo hilado envuelto con mucho cuidado en celofán dentro de un paquetito con su lazada de cordel de pastelería.
A mi hermana y a mí nos ha encantado siempre.
Quizá porque era una de esas preparaciones que sólo probábamos una vez al año.
Un guiño al pasado, a los asados de mi abuelita rodeados de cubitos de gelatina, de huevo duro y de preciosos montoncitos de huevo hilado, dorado como la melena de una princesa de cuento.
Y la verdad es que estaba genial.

En casa. Nochebuena

Y ahora a disfrutar.
En buena compañía.
La que habéis elegido para a abrir juntos la puerta del año que llega: ya sólo por eso, es la mejor compañía.

Abridla con respeto y con amor. Porque el Año Nuevo nos pedirá muchas cosas, no puede hacerlas él solo; sin embargo, yo estoy segura, deseo estar segura, de que si encuentra la ayuda que necesita, vendrá con los brazos llenos de maravillas.

¡Muy Feliz Año Nuevo para todos!

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6 Comentarios

  1. Ante unas pocas horas de que el año termine y acabado de leer tu “Pan y Rosas” casi nada puedo añadir. No has reflejado un año sino casi toda una vida, la tuya, contando con las de los demás, todos las que la hemos vivido contigo y de ese modo nos has unido a ti. a tu árbol. a tus bolas. Cuantas vivencias ya nos quedan, unas sobre la espalda, otras acurrucadas en el corazón, otras guardadas con el mayor cuidado para que nunca desaparezcan. y poco a poco a poco se han ido uniendo para formar lo que hoy somos, lo que seguiremos siendo. Esta noche es una elección libre, una noche que puede ser vivida en soledad, una noche de buenas intenciones y deseos de cambios aunque solo sean los números los que cambian….31….1, 14…..15….

    Y hoy a ti y para ti:

    FELIZ AÑO

    • Querida tiíta, creo que este año, y nunca mejor dicho, lo digo todo si te digo simplemente gracias.
      Había una peli de hace unos años que se llamaba La otra cara de la luna.
      Pues eso.
      Gracias por enseñarme la otra cara de la luna.
      Te quiere, tu sobri.

      • Pequeñaja, si me das las gracias por quererte !no es necesario! Ese sentimiento nació cuando tu naciste es casi casi puro instinto, hermoso instinto, que ira conmigo donde yo vaya.
        Y esa “otra cara” que crees haber descubierto sea de lo que sea, de experiencias, sentimientos, vida o incluso de mi. Me alegra haber contribuido a alguna de las tantas cosas positivas de tu vida. Tu sabes lo mucho que te quiero

        • Si. Si. Si. A todo sí. Y tú también eres asul. Probablemente, una de las cosas más asules que tengo a mano cada día. <3

  2. Fer,
    Precioso regalo de Año Nuevo.
    Un abrazo pirolítico,
    R.

    • Querida Rosa, tus abrazos pirolíticos y todo su cifrado ya vienen siendo de lo mejor de mis Navidades. Dentro de nada serán un ritual como los higos cuello de dama rellenos de nueces. Me encanta esa perspectiva! Qué afortunada. Smuaac.

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