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Escrito por el Sep 28, 2020 en cocina de cosecha | 3 comentarios| etiquetas: aperitivos, cebollas, comida para comer con los dedos, comida vegetariana, tartas saladas

tarta de cebolla

Esta tartita es una especie de coca de cebolla levantina, pero al estilo francés. Es decir, en vez de rústica y al tuntún, fina y todo colocadito muy chic.

Por lo demás, no es sino una masa quebrada bien tostadita con láminas delgadas de cebolla dulce por encima, que quedan delicadas, húmedas y jugosas, pese a estar doradas, porque van pinceladas con nata y eso dulcifica el calor que reciben.

para la masa_

  • 240 gr de harina de trigo común
  • 115 + 57 gr de mantequilla fría cortada en cubitos
  • 15 gr de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • 120 gr de agua fría

 

para el relleno_

  • 120 gr de queso gruyere rallado
  • 2 cucharaditas de hojitas de tomillo fresco
  • 2 cucharaditas de cebollino picado
  • 3 cebollas dulces medianas y redondas
  • 1 cucharada colmada de nata líquida
  • 45 gr de mantequilla en cubitos muy pequeños
  • 1 cucharadita de sal

 

Para hacer la masa quebrada, ya sabéis que una manera fácil de hacerlo es colocar todo, con la mantequilla bien fría, en un robot-procesador, y darle unos cuantos -pocos- golpes de procesado. La masa liga enseguida. Sin insistir, en cuanto los ingredientes se haya integrado, la sacáis, la envolvéis con film y a la nevera.

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Si la hacéis a mano, colocad todo en un cuenco, menos el agua,  y comenzar a integrar con un tenedor o con un mezclador de masa, si tenéis. Sólo un minuto.

En cuanto los ingredientes vayan uniéndose, añade el agua. Da un par de breves golpes de mezclado más con tenedor o mezclador, y vierte sobre la mesa de trabajo.

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Allí, pliega la masa sobre sí misma con una rasqueta un par de veces, para que tome la forma de un bloque y no se desmigue.

Para mi gusto, la mejor manera de hacerlo es ésta.  En vez de amasar con las manos de una manera tradicional, coges una rasqueta de panadero y vas recogiendo la masa y plegándola sobre sí misma ejerciendo una ligera presión. Así la masa al componerse conserva una estructura de capas dentro de las cuales los trocitos de grasa se mantienen íntegros, creando una textura irregular harina-grasa. Esto es crucial para obtener una masa aérea y hojaldrada. En cuanto la masa se sostenga junta en un disco, solo lo justo para que todo esté integrado sin desmigarse, la envolvemos en dos capas de film, una arriba y otra abajo, y lo pasamos a la nevera, mínimo media hora.

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Mientras la masa reposa en la nevera, puedes ir cortando las cebollas.

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Primero, por la mitad, en sentido longitudinal. Y después cada mitad en medias lunas finas. Si quieres que todas te queden de un tamaño más homogéneo, utiliza 4 cebollas (en vez de 3) y desecha los finales, que te dan medias lunas más pequeñas, guardándolas para hacer un sofrito en cualquier otro momento. En todo caso, es buena idea contar con una cebolla de reserva, por si se te estropea algún aro o por si necesitas más por el tamaño.

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Transcurrido el reposo, pasa la masa a la tabla de trabajo enharinada. Coloca una hoja de papel sulfurizado sobre ella y extiéndela a rodillo hasta obtener un rectángulo de un tamaño aproximado de 35 x 25 cm, y pásalo a una fuente de horno protegida por la misma hoja de papel sulfurado que has gastado para extender la masa.

Espolvorea sobre la masa el queso rallado, y sobre él, las hierbas, reservando unas pocas.

Ves colocando sobre esta capa, trazando líneas diagonales, líneas de medias lunas superpuestas.

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Pinta las cebollas con la nata, esparce encima los trocitos de mantequilla, espolvorea con sal y pimienta  y cuece la tarta a 175º durante 35-40 minutos, hsta que los bordes de la pasta se vean dorados y crujientes y las cebollas se hayan dorado sin quemarse.

Al sacarla, espolvorea por encima el resto de las hierbas.

Deliciosa caliente, tibia y fría.

Con una crema delante y una ensaladita, hace una comida ligera perfecta.

Sola, hace una cena de sofá sin defectos, y es un estupenda receta para aperitivos y para mesas informales donde van a comer varios amigos.

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La preparé por primera para la «fiestecita» de después de la lectura de tesis del mathpollo, y no quedaron ni las migas. Se come de pie y con los dedos tan a gusto, y sin embargo tiene un punto sofisticado. Después la hemos repetido en casa cuando han venido amigos o para comer un domingo, y nos encanta.

 

· SED FELICES ·

 

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3 Comentarios

  1. Me gustan las tartas rusticae; sencillas, austeras, amables. Un ingrediente, dos a lo sumo. Cuando era crío en la pizza cuatro quesos me sobraban dos (casi tres ^_^ ) Quizá por eso me hacía más gracia la pizza margarita, que siendo tetrasilábica se quedaba en tres ingredientes. Pese a mi paticorta vida me parecía gracioso ese juego de palabras y números.

    Con los arroces me viene ocurriendo lo mismo últimamente. Un par de ingredientes a lo sumo (sin contar ni el arroz ni el caldo, claro 🙂 ) y para mi ya está listo de papeles. Quizá reacción por haber crecido en la acción de arroces con más ingredientes que las cuentas de un rosario.

    Besos (…) (…)

    P.S. ¿Las recetas ya no tienen estado de ánimooooooooooooooo? =^.^=

    • Joooo qué mono eres, echas de menos los estados de ánimo… No, ya no tienen. Acuérdate de Heráclito. Quién sabe si volverán mañana… Hace poco le recomendé a nuestro común amigo y admirado Joan la lectura de «Solsticio», de Jose Carlos Llop, donde cuenta su infancia en el norte de Mallorca, cerca de Artà, en Betlem. Un lugar mitológico en su imaginación. Allí cuenta que su madre preparaba arroces «barrocos» con las tres cosas que pillaba a mano (a menudo, una era sobrasada ; )
      Me parece el colmo de la perfección hecha sencillez y el colmo de la felicidad desecha de perfeccionismo. Se debe parecer mucho a lo que tú cuentas. Besos fuertes! X X X

      • Mmm…mmm…mmm… ¡con las fresas y las golondrinas! =^.^=

        Besos (…) (…)

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