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Escrito por el Nov 8, 2017 en desayunos de domingo | 6 comentarios| etiquetas: anís, chía, comida corazón, galletas y pastas, naranja confitada, naranjas, repostería dulce, repostería tradicional, reverdece, sésamo

tortas de aceite y naranja

  • la piel rallada de 2 naranjas
  • 50 gr de aceite de oliva virgen extra
  • 180 gr de harina blanca de fuerza
  • 10 gr de levadura fresca
  • 70 gr de agua tibia
  • 20 gr de anís (licor)
  • 2 cucharadas de piel de naranja confitada cortadas muy pequeñas
  • 1 cucharada de anís verde en grano (matalahúga)
  • 1 cucharada de sésamo tostado (ajonjolí)
  • 1 cucharada de chía
  • azúcar blanquilla, dorada o morena para espolvorear

Una revisita personal a las tortas de desayuno andaluzas de toda la vida, como las de Inés Rosales (la fábrica está en Castilleja de la Cuesta, un pueblito a 10 km de Sevilla. Cuando vivía allí pasaba un montón de veces delante del cartel que señala la desviación de entrada al pueblo 🙂

Una de las muchas cosas fantásticas para desayunar que descubrí allí (también estaban los cortadillos de cidra, los molletes con aceite y sal, los bollos de San Buenaventura y las tostadas con manteca colorá).

En una sartén, colocar el aceite a temperatura mínima.

Colocar la ralladura de naranja.

En cuanto esté caliente y antes de que hierva o en cuanto empiece a hervir, colocar el anís, darle una vuelta y retirar la sartén del fuego.

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Dejarla infusando hasta que el aceite se temple.

Disolver la levadura en el agua tibia. Añadir el anís.

Verter sobre la harina, el sésamo la chía y la naranja confitada picada.

Añadir la infusión de aceite templado.

Amasar.

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Se obtiene una masa suave en cuanto los ingredientes están bien integrados.

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Dejarla levar tapada con film en un sitio cálido o a temperatura ambiente, hasta que doble su volumen. Llevará de una a dos horas según la temperatura de la habitación.

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Cuando esté lista, dividirla en pequeñas porciones, entre 25 y 50 gr, según prefieras hacerlas más grandes o más chiquitinas, de dos bocados. Las tortas clásicas de Inés Rosales miden 13 cm, y deben pesar unos 50 gr. Yo las suelo hacer un poco más pequeñas.

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Con un rodillo amasamos las bolitas hasta que queden bien finas, pasamos una de las caras contra un plato con azúcar blanquilla, para que quede bien impregnada, y las vamos colocando en una bandeja de horno protegida con papel sulfurizado.

Se cuecen 8-10 minutos a 200º, con el horno bien precalentado.

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Deben quedar bien doradas para que queden crujientes sin quemarse y sin oscurecerse demasiado.

Es importante, al amasar, conseguir un grosor uniforme en toda la tortita, incluyendo los bordes. Por eso es mejor utilizar el rodillo para amasar; si las extendemos con los dedos es más fácil dejar algunas zonas más finas, que tienden a quemarse rápidamente en el horno.

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Una vez horneadas, las mantenemos unos minutos sobre la bandeja del horno enfriándose, y luego las pasamos a una rejilla de enfriado.

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Cuando están completamente frías, las guardamos en recipiente hermético o de atmósfera protectora, y durarán crujientes más de una semana.

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Mi vicio actual para el desayuno.

Deliciosas, dulces sin empalagar, con el toque verde del anís y el toque acidulado de la naranja.

Me diréis que son ojos de enamorada, pero en mi opinión no tienen defectos.

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Un pecado.

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6 Comentarios

  1. Un pecado pero que da gustirrinín :). Estas tortas me encantan, y la verdad es que compro las de Ines Rosales y me parecen tan ricas que ni he probado a hacerlas. Aunque viendo tu receta nunca está de más probar a hacerlas en casa, se creará un olorcito al hornearlas….
    Besos linda

    • La verdad es que sí, es un placer hacerlas. Las de Inés Rosales desde luego son magníficas… Pero las que una hace tienen eso, que las hace una y dan orgullito 🙂 Ya me contarás si te animas! Muchos besos preciosa!! Feliz tarde!!

  2. Hola Fernanda,
    (…)
    me anoto la receta y te la cambio por «The almond’s trick» :-p :-p Quidizir, el truco del almendruco.

    Se me ocurrió una noche de invierno al calor de la chimenea… o igual era otoño, con la calefacción y un par de velas, no sé 🙂

    Para que las bolitas pasen a ser «tortitas» finas y de grosor homogéneo lo que hago es poner las bolitas sobre papel sulfurizado, las tapo con otra hoja de papel sulfurizado. Entonces cojo la bandeja del horno la pongo encima y me apoyo sobre esta con mi peso. Ale, ¡ya tá! La bandeja reparte de manera proporcional la presion sobre todas las bolitas y quedan todas con el mismo grosor en un segundo.

    Besos.

    • Qué caña. Truco de mentalidad ingenieril metida a otros asuntos… jajajajajaja. Besos!!!

  3. Hola Fernanda,
    He vuelto a abrir esta página. Que alegría ver que sigues compartiendo estas recetas maravillosas y con tanta belleza. Probaré estas tortitas. Las Rosales me encantan desde pequeña , que apenas comíamos porque eran tan caras!! Hasta pronto. Pilar

    • Hola Pilar! Comentarios como el tuyo siempre me dan una clase especial de alegría, porque me traen la sensación de que estoy cumpliendo el deseo que tenía cuando empecé. Y qué doblemente encantada me deja que la receta te traiga un recuerdo feliz de infancia. Si quieres que te recuerden al original, no les pongas ni chía ni naranja y utiliza azúcar blanco para rebozar. Por lo demás, a estas tortitas sólo les falta el papelito ese ceroso y fantástico que envuelve las Rosales como si fuera un regalo. Qué sabios los que tomaron la decisión de mantenerlo! Mil gracias Pilar! Feliz fin de semana!!

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