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Escrito por el Mar 29, 2020 en liturgia de las horas | 2 comentarios| etiquetas: crisis, la gran reclusión, lo más importante de la vida

el año de marcianos

A mediados de Navidad empecé a escribir una entrada para enviaros en Año Nuevo.

La entrada de Año Nuevo siempre es importante para mí. Debe ser sencilla y pura, luminosa, pues ése es siempre el espíritu que para mí debe tener mi primer paso en el Año Nuevo.

Las cosas de la vida diaria se fueron complicando y mi madre moría en el primer mes del año. La entrada se quedó sin escribir en mi carpeta de borradores.

Vino después esa época extraña y agotadora que acompaña al duelo, y supongo que muy especialmente al nuestro, con el que despedíamos tantos años de padecimiento con sus correspondientes contradicciones.

Y después ha venido esta especie de pesadilla de ciencia-ficción.

Y ahora que llevamos ya dos semanas confinados en casa bajo la incertidumbre casi surreal de no saber cómo serán las próximas semanas, he vuelto a tener ganas de escribir y he venido a mirar mi cuaderno, y me he encontrado con esta entrada.

Un poco estupefacta, la he releído y me he dado cuenta de hasta qué punto está hecha a medida para esta situación que entonces no podíamos ni imaginar siquiera.

Así que he decido terminarla y enviárosla hoy, como primera entrada de este periodo de emergencia en el que creo que tantas cosas pueden cambiar (y deseo que muchas cosas cambien).

 

Mi entrada de Año Nuevo empezaba así…

 

2020. Ese número que parecía salido de una peli del futuro en la que venían los marcianos o en la que los recursos de la Tierra se habían agotado y había que ir a vivir a Marte pero sólo podían ir los más ricos y todos los demás se morían en la gran catástrofe o en la que llegaba la gran tormenta geotérmica que hacía trizas el planeta menos un rinconcito muy alejado de todo en el medio de los bosques más escondidos donde se iba a vivir la pareja de protagonistas que sobrevivía a hacer de nuevo de Adán y Eva.

Leñe, 2020, el irreal.

Y ahora va y resulta que 2020 ya está aquí.

Un año nuevo.

Un año nuevo para traer a él, como quien abre un cajón y ordena lo que hay dentro para llevarlo a otro, todas las cosas que he aprendido en el anterior, todas las visiones nuevas.

Esas visiones son un gran regalo.

 

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Haces una lista de las cosas que te hacen feliz cada semana y te das cuenta de que prácticamente todas son cosas pequeñas.

Tendemos a pensar que la felicidad está en las grandes cosas, las grandes ocasiones, como algo que siempre estamos planeando, que está siempre a la vuelta de la esquina, cuando suceda esa cosa o esa otra que estamos esperando.

Pero en realidad nuestra vida es eso que hacemos semana tras semana. Y eso que es ahora semana tras semana, es lo que va a seguir siendo hasta el final.

Ese es el verdadero corazón de nuestra vida, y no las fantasías quizá un poco escapistas a las que a veces confiamos nuestra felicidad como quien guarda algo en un paquete de regalo.

La visión es saber que una ya está ocupando su territorio de destino: una ya está donde tenía que llegar. Darte permiso para dejar de soñar con otro sitio, y ocupar el tuyo con placer.

Y a la vez, poder elegir qué matices aún puedes cambiar.

Es como mirar al paisaje que te rodea  y darte cuenta de que es el tuyo, sin por eso dejar de saber que puedes corregir ésta y aquella pincelada, o incluso cambiar el color de una zona entera.

Saber eso, saber que ya tienes lo mejor de tu vida, que la genuina, modesta, inigualable felicidad ya está aquí, es un bocado suculento, un verdadero lujo espiritual.

 

He escrito esa lista, la de mis pequeñas cosas sagradas.

 

  • el olor a promesa del viento del Oeste cuando aún es temprano en la mañana

 

  • el olor a leña ardiendo que flota sobre el aire de la plaza cuando la hora azul se está acabando y las sombras de las cosas se funden con la noche que nace

 

  • los cristales de las ventanas que el reflejo del sol enciende de oro rosa en el amanecer

 

  • el gorgoteo del agua cayendo en un patio entre macetas cuando llueve

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  • el olor dulce y ahuecado a pan recién cocido en mi cocina

 

  • el olor nocturno del jazmín en verano, con las luces de casa dibujando una alfombra dorada en el suelo de barro

 

  • el olor a jabón que forma estelas por la casa cuando los chicos salen de la ducha

 

  • las luces de las casas de la plaza como llamas de cerillas que se prenden aquí y allá en el anochecer

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  • mis flores creciendo en las macetas

 

  • el cinturón de Orión brillando como pequeños diamantes en el cielo del Sur

 

  • el olor a energía caliente del café

 

  • el olor del limón y comerse una naranja a gajos

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  • acercarse a una piel que huele a talco

 

  • el tacto de mis sábanas recién planchadas

 

  • comerse un helado a lengüetazos

 

  • el olor de las hierbas silvestres al frotarlas entre los dedos

 

  • mis hijos cuando ríen

 

  • el sabor de una cerveza helada mezclado con del olor a salitre de las olas

 

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  • cerrar las ventanas en medio de una tormenta mientras el viento te azota la cara

 

  • seguir el camino del sol cada amanecer

 

  • el olor a mantillo húmedo del bosque

 

  • la brisa en las mejillas cuando vas en bici en primavera

 

  • el olor de las flores

 

  • los gatos dormitando apaciblemente

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  • tumbarse bajo la cúpula verde de un gran árbol

 

  • el olor a cámara boscosa de las floristerías

 

  • compartir todo lo que importa con R.

 

  • escuchar el canto de los pájaros en la plaza las mañanas silenciosas de domingo

 

  • meter la mano en un arroyo helado

 

  • una película que te emociona

 

  • cenar frente al mar mientras se hace de noche

 

  • salir al campo a pasear

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  • los gorjeos de los bebés

 

  • la luz que desprenden mis libros preferidos

 

  • los abrazos de oso

 

  • el rumor del agua corriendo

 

  • cualquier cosa hermosa

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  • conocer a alguien que te deslumbra

 

  • conocer a alguien a quien sabes que vas a querer

 

  • poder estar atento y entender

 

  • mirar a los ojos a quien quieres

 

  • poder hacer regalos

 

  • aprender algo nuevo cada día y ser consciente de que es así

 

 

Es una lista bien sencilla.

Es una lista del festín de cada día.

Es más que suficiente para sentirse profundamente agradecida.

 

En este año, mientras mi madre empeoraba, he mirado mucho para atrás.

A los inicios. A cuando empezó todo.

A mi niña, a mi adolescente, a mi jovencita.

Al principio, cuando empecé a hacerlo, no podía imaginarme a esa niña delante de mi, no podía «verla». Después, meses después, pude. Podía verla, tocarla, decirle cosas.

Si hoy volviera a encontrarme con todas ellas, cargada como hoy con todas esas pequeñas cosas importantes, y ligera de muchas otras que hoy sé que no lo son, sólo les diría una cosa.

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Haz tu propio camino.

 

Sigue tus intuiciones y haz tu propio camino.

Deja de obedecer.

Deja de hacer lo correcto.

Deja de preocuparte por decepcionar a los demás.

Deja de responder a las expectativas de otros.

Deja de querer pertenecer a algo o a alguien, deja de acoplarte, deja de querer demostrar nada, olvídate del agrado de ser reconocida.

No necesitas ninguna de esas cosas.

Concéntrate en ti misma. En tu lista.

 

Deja de preocuparte por todo lo que te preocupas cada día. No sirve para nada.

 

Toda la energía que eso te roba dirígela al placer de diseñar tu vida.

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Depura los deseos de esa lista: asegúrate de que son sólo tuyos.

Y anda con alegría hacia ellos. Trota hacia ellos.

No dudes ni un minuto. ¡La vida pasa a toda velocidad!

Echa a correr y disfruta del viento en la cara, disfruta tu camino.

Y nunca, nunca, nunca, tengas miedo.

 

……………………………………………………………………………………………………………………………………..

Ésta era la entrada.

La dejo tal como estaba. Se desliza sobre nuestro alucinante día de hoy como un guante sobre una mano.

 

Feliz semana a todos.

Aprovechad esta inmovilidad forzosa para escribir y pulir vuestra lista.

No hay mejor compañía interior que una lista brillando, esperando el momento de desplegarse sobre el mundo.

No perdáis el ánimo.

Trabajad por vosotros mismos.

Ayudad a quien tenga menos fuerzas.

Y convertid esta crisis en una gran oportunidad de hacer limpieza general.

Sed muy prudentes.

Procurad esparcir a vuestro alrededor sólo luz y vigor.

Tened confianza.

· SED FELICES ·

 

 

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2 Comentarios

  1. Que envidia me das!! Ser capaz de pintar sobre el papel tus emociones de una manera tan elegante, sutil y a la vez contundente. Es como con acuarela, tus trazos sinuosos y valientes, respetando el blanco del fondo, la luz. Haces que pueda oler tus bizcochos a la vez que conecto con tu estado de ánimo. Eres inspiración, y recuerdas que el agradecimiento es un valor maravilloso que te aleja de la inutilidad del ser. Muchas gracias. Un abrazo especialmente fuerte y ojalá pueda disfrutar de tu amistad y de tus reflexiones muchos años.

    • Mi querida Lourdes… qué bonito regalo pararse a escribir eso para mí. Gracias, de verdad. Me da mucha alegría siempre que alguien me hace saber que al menos en parte, consigo lo que quisiera conseguir. Es de verdad un regalo. ¿Sabes qué recuerdo tengo más grabado de ti? Aquella mañana que viniste a mi casa (aún la casa de mis padres) con la sudadera gris para que la pintáramos con tu dibujo del libro de Julio Villar, Eh, Petrel! Y cuando fuimos a ver vuestra casa de Huercal y habías pintado aquella preciosa cenefa para los niños en la pared. Siempre pienso en ti como alguien que se pasa la vida inventando belleza. También yo espero que podamos retomar ahora muchos años aún de estar cerca y aprender una de la otra. Un gran gran abrazo querida.

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