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Escrito por el Dic 25, 2020 en liturgia de las horas | 2 comentarios| etiquetas: hacer la Navidad, Navidad

los ángeles de la Navidad

¿Cómo ocurrió? ¿Cómo es posible que la época más hermosa del año se haya convertido para muchas personas en una fuente de problemas e incluso de desesperación?

Felices fiestas. Wayne W. Dyer

Me temo que la Navidad tal como yo la recuerdo es una causa perdida.

-Claro, ¡porque hemos perdido la magia!

Shadowlands, de Richard Attenborough, sobre la vida de C. S. Lewis

 

 

Cuando era joven y acababa de casarme, y empezaba esa época de la vida en que las Navidades habían perdido su encanto infantil y todo resultaba demasiado pedestre, demasiado rutinario y predecible, demasiado edulcorado y basado en ritos vacíos, y añoraba tremendamente aquella magia de los días de infantiles, me tropecé con un libro de un autor al que había leído con interés en aquellos años.

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El libro era Felices fiestas, de Wayne W. Dyer, y hablaba de eso: del encanto perdido, de la sensación de orfandad de la Navidad y de cómo reinterpretar la Navidad cuando la infancia se termina, liberarla de su adustez y devolverle su magia y su alegría.

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Aquel libro trazó el principio de una operación de largo alcance en mi vida (con resultados dispares debido a la extensión implacable del espíritu del Grinch) pero puesta en marcha cada año con la misma cabezonería y entusiasmo que el anterior.

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Una especie de Fer al rescate del Espíritu de la Navidad. Hace poco, cuando vaciaba la casa de mis padres, encontré en el armario más alto de la casa los adornos de Navidad que cosí cuando vivía en Sevilla en mi primer año de casada, con 23 años, para la Navidad familiar que celebraríamos en Valencia. Me conmovieron todas esas ganas mías de celebrar una Navidad feliz.

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Para mí no tiene sentido celebrar la Navidad del Corte Inglés.

Si uno no le encuentra un sentido nuevo, la Navidad de los anuncios ya no conserva ninguna capacidad de emocionarnos y sólo nos devuelve, junto a las bolsas llenas de papeles de regalo arrugados, una incómoda sensación de vacío.

Así que en mi opinión sólo quedan dos opciones: o escabullirse de ella y mantenerse fuera, o reformularla para poder volver a vivirla de una forma personal. Es lo que yo he hecho. Los que lleváis tiempo haciéndome compañía ya sabéis de mis rituales de Navidad… -como desayunar el día de Navidad viendo Cuento de Navidad de Mickey Mouse! : )

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Y luego tenemos este año de marcianos.

He visto sufrir a muchas de mis amigas bajo las dificultades y las angustias de este año, las he visto apagarse y quedarse sin fuerzas, como dentro de una habitación donde no queda bastante aire limpio para respirar. He visto cómo su latido se enlentecía, como perdían el aliento de su espíritu.

Así que cuando la Navidad se aproximaba, decidí que este año me dejaría guiar por «los ángeles de la Navidad». Que empaquetaría trocitos de cuidado para todas esas personas a las que había visto sufrir este año y que aún estaban medio sin fuerzas. Esos trocitos debían contener algo sencillo pero hecho con mucho esmero, porque en las épocas de escasez de lo que sea, como en esta época terrible de escasez de certidumbres, de escasez de besos y abrazos y del calor de la piel de los demás, las cosas buenas hechas con cuidado tienen el poder de rescatarnos de la desolación y de volver a prender nuestras lucecitas interiores.

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Ellas serían mis ángeles de la Navidad.

Y eso me recordó algo que decía aquel libro de Wayne Dyer y que también dice el Evangelio.

Al final el verdadero espíritu de la Navidad es el del extranjero. La receta es volver al origen, volver al Desiderata de Max Ehrmann, volver al extranjero, que significa estar abiertos hacia fuera, más allá de nuestra familia y de los nuestros. Significa retomar nuestro papel en el mundo como fuerzas del lado de la Luz.

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Porque la empatía que tenemos con lo que hay fuera de nuestro pequeño círculo de frecuencia, con ese que acabamos de conocer, con ese que casi no conocemos, lo que hacemos con él, cómo nos comportamos, por una parte define el color de nuestra apertura ante el mundo y por tanto nos define, y por otra parte nos devuelve al entorno del espíritu del amor verdadero.

Que es el de la sorpresa absoluta.

Apertura absoluta.

Antenitas vibrando.

Esa apertura tiene recompensa. La alegría de la sorpresa, la renovación de la vida, los vínculos, la inacabable capacidad de la vida de sorprendernos ligándonos con quienes hace unos minutos eran desconocidos, empujándonos a desempeñar un papel (luminoso) en sus vidas.

Mantenerse abiertos.

Nuestra apertura son nuestras alas.

Todos somos uno, y el eco de Uno resuena aquí y allá, hoy y mañana, en nuestros oídos.

Oír ese eco aquí y allá, en personas que se nos abren, cuya vida se nos insinúa, es como la promesa de un paraíso siempre renovada.

La promesa de una posibilidad real de estar juntos como criaturas que comparten un viaje, y de que cada uno pueda hacer a los demás regalos que puedan colgarse en la misma línea de tender la ropa donde ellos cuelgan sus deseos.

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Somos Uno, y por tanto, no hay felicidad sin conexión. No hay felicidad sin los demás.

Y eso es también la Navidad.

Dejo que mi Navidad se llene de ángeles, y ellos hacen el resto.

Muy Feliz Navidad para todas, queridas amigas, queridos amigos.

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Que Dios -ese Gran Espíritu al que cada uno imagina y nombra a su propia manera – os bendiga y os proteja y os mantenga vibrando del lado de la Luz.

 

· SED FELICES ·

 

p.d.: aquí os dejo algo que he ido «fabricando» en el Adviento y que contiene el espíritu de mi Navidad… y mucho gato! Le he llamado The Twelve Days of Christmas, como la canción popular inglesa, porque al igual que ella, sigue el espíritu de la cadena de trabajos-regalos de la Navidad…

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2 Comentarios

  1. Hola Fernanda,
    (…)

    … y en las navidades a las que me devolviste hace unos años, con nuevos y reales ritos en esa navidad que describes, hay un rito mío propio: El día de la lotería de navidad, mientras suena en la radio, vuelvo a leerme tu entrada de los pastissets de boniato ^___^

    Besos. (…) (…) =^.^=

    Jose

    • Lagrimones como castañas XXX

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