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Escrito por el Abr 9, 2018 en comida corazón, desayunos de domingo, reverdece | 2 comentarios| etiquetas: anís, bajo en azúcar, clavo, desayunos, hinojo, mandarinas, mermeladas

mermelada de mandarina

 

  • 1 kilo de mandarinas
  • 300 gr de azúcar blanco
  • 6 piezas de anís estrellado
  • 1 cucharada de semillas de anís verde
  • 3 gr de pectina cítrica y el zumo de medio limón

 

Si habéis hecho alguna otra receta de mermelada de las que yo preparo ya sabéis cómo las hago yo.

Y si ésta es la primera, podéis mirar un resumen aquí que os servirá para cualquier otra mermelada.

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Lo que hacemos es:

Pelar las mandarinas bien lavadas y reservar la piel de 4 de ellas.

La piel tiene que estar limpia, lustrosa y sin cicatrices.

Si puedes encontrar mandarinas ecológicas, mucho mejor, ya que vas a utilizar la piel, que almacena los tóxicos de la agricultura no ecológica.

Con un procesador, picar la piel. El tamaño de la piel es algo que puedes elegir. Yo en esta mermelada y en la de limón la pico pequeña, como azúcar perlada, no en pequeñas tiras, como hago en la de naranja amarga.

Limpiar las mandarinas ya peladas de la mayoría de los hilos blancos que haya dejado la corteza sobre ellas, meterlas en el procesador partidas en cuartos y picarlas muy brevemente, sólo un par de golpes, para que no pierdan completamente la textura.

Colocar el azúcar, la pulpa, la corteza, el zumo de limón y las especias en la cazuela de las mermeladas, y dejar reposar la mezcla un rato, desde media hora a toda una noche. O bien calentar un poco el azúcar en el horno y colocarla dentro de la cazuela con los demás ingredientes cuando ya está calentita.

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Poner la cazuela a fuego suave y remover hasta que el azúcar se haya disuelto.

En ese momento, poner a fuego vivo hasta que alcance un hervor claro, con burbujas rompiendo en toda la superficie de la mermelada y no sólo ascendiendo en el borde de la cazuela (rolling boil), y mantenerlo así durante 10-15 minutos minutos, haciendo reducir la mezcla.

A los 15 minutos, añadir la pectina, remover para disolverla y seguir hirviendo 5 minutos más.

Retirar del fuego y dejar que se asiente 15 minutos. Retirar el anís estrellado.

Envasarla cuando aún está caliente llenando los botes hasta arriba, para que quede el mínimo aire entre la mermelada y la tapa.

Cerrar los botes en cuanto los llenemos. Comprobar las roscas cuando estén fríos.

Si queremos asegurarnos de que nos durará todo el año sin mantenerla en la nevera, sino almacenada en una despensa, la podemos pasteurizar, colocando los botes sobre un paño limpio en una olla cubiertos por al menos un dedo de agua e hirviéndolos durante 20 minutos. Después los dejaremos dentro de la olla hasta que el agua se entibie, los secaremos y ¡listo!

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Todo un año de placer chispeante con perfume a verano guardado en la despensa, para abrirlo cada mañana como un paquetito de regalo.

 

 

 

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2 Comentarios

  1. Hola Fernanda,
    (…)

    abrir un bote de mermelada de naranja en agosto, uno de fresa en lo más crudo del invierno y de ciruela en primavera… Es como viajar en el tiempo, como atravesar un tunel que conecta las estaciones con parada en cada mermelada.

    Y ¿por qué no se añade la pectina desde el inicio?

    Besos.

    • Lo vives exactamente igual que yo…
      Ahora, con la facilidad para disponer de fruta todo el año que da el supermercado, no nos damos cuenta de la alegría que representaban las mermeladas en las mesas de invierno hace menos años de los que dura una vida.
      Este finde me toca de limón a saco.
      (La pectina: puedes ponerla cuando quieras, pero la que yo gasto es suficiente disolverla y cocerla 5 minutos, cosa de las instrucciones, jajajajaj)
      Muy feliz tarde de viernes! Besos!

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