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Escrito por el Ene 17, 2020 en cocina de cosecha, desayunos de domingo | 0 comentarios| etiquetas: cítricos, desayunar con fruta, desayunos, naranjas, pomelos

sol de invierno

 

Una naranja sobre la mesa, su vestido en la alfombra, y usted en mi cama, dulce regalo del presente, emoción en la noche, llama de mi vida.

Jacques Prévert

Con el frío llega esa bendición solar, recuerdo de los placeres sensuales del verano y la primavera, que son los cítricos. Especialmente las naranjas, sol de invierno.

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Hace algo más de un mes que en casa naranjas y mandarinas se han convertido como cada año en el sencillo y lujoso postre de cada día.

Delicia al alcance de todos, las naranjas, desde el vaso de zumo de las 7 de la mañana a los gajos chorreantes de dulzor del mediodía, hacen que los días se animen con esa luz mágica que tienen los días rasos de invierno aquí en Levante. Una luz de un amarillo avainillado que se tiñe de melocotón según la tarde avanza hacia el crepúsculo, inundándolo todo en almíbar.

Eso hacen las naranjas por dentro con nosotros.

Bañarnos en el almíbar de una primavera anticipada, presentida.

También nos regalan un pequeño momento de reverencia: pelamos sin prisa unas cuantas piezas mientras nos damos cuenta de lo hermosas y perfectas que son, las redecillas de gotas cristalinas que forman cada gajo, la delicadísima piel, más fina que el papel más fino, que los recubre y congrega su forma.

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Y son aliados de la belleza que surge desde dentro: los cítricos y los kiwis son bombas de vitamina C, esencial para trotar el invierno con alegría.

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Receta, obviamente, hoy no hay.

Elegid naranjas, mandarinas, pomelos rosas. Combinadlos con piñones  tostados, pasas doradas, bayas de goji, miel, yogur griego. Sal, pimienta rosa, tomillo, zatar. Chocolate fundido. Una bonita vajilla de loza de un color energético, una flor invernal o unas hojas lustrosas en un vaso de agua.

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Y ser conscientes del momento de lujo perfecto mientras los gajos hacen estallar su dulzor chispeante en vuestra boca.

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El juego de café es un diseño de Melitta Stockholm de los años 70. Alemania Occidental.
La plantita de hojas moradas es una Tradescantia pálida.

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