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Escrito por el Oct 20, 2017 en cocina de cosecha | 12 comentarios| etiquetas: crema de chocolate y avellanas, final del verano, nocilla, nutella, primos, tartas dulces, verano

tarta de nutella

Todos los años, desde hace más de una década, mi hermana tiene la costumbre de convocar, antes de que terminen las vacaciones de verano, un “encuentro de primos”.

Los “primos” en cuestión somos cuatro familias, descendientes de cuatro de los hijos de dos hermanas, mi abuela Marita, de la que he hablado mucho aquí y mi tía-abuela Elisa.

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Los hermanos Gasset Bellver. De izquierda a derecha: la tía abuela Elisa, con el aro. Marita, la más pequeña, en brazos de Concha. Abajo de Marita, Blanca, pequeña, sentada junto a Ana. A su lado Fernando y por último Amparito. Ana y Concha, más mayores, hijas del primer matrimonio, y los otros cinco niños, y otros tres hermanos que murieron, del segundo. Todo esto lo cuento porque seguro que a muchos de mis primos les gustará leerlo…

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La costumbre arrancó para dar continuidad a la vida de primos que habíamos tenido en nuestras vacaciones infantiles y juveniles. Mi hermana y mi hermano tuvieron mucha relación con todos ellos mientras veraneamos en Benicasim, porque los cuatro hermanos tenían en común tener un apartamento en la misma urbanización.

Con los años cada uno tomó su propio rumbo, y pasar tiempo juntos en verano dejó de ser una costumbre.

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Las vacaciones de tres meses dejaron de existir en nuestras vidas, nos casamos, formamos nuestras propias familias, vinieron los hijos… Algunos fundaron nuevas costumbres vacacionales para sus hijos que incluyeron seguir pasando el verano en Benicasim, otros no…

Así que en un momento dado de ese paisaje de nuevos caminos que se dividían, empezaron las “cenas de primos”.

Los primeros años yo fui muy pocas veces. Junto con mi prima Elisa soy la mayor del grupo, y de alguna manera, esa distancia unida a mi propio carácter solitario me hizo compartir menos tiempo y menos vida y menos fiestas, a las que yo era poco aficionada, con todos ellos.

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Al pasar los años sin embargo, ya divorciada y en otra vida yo misma, me apeteció unirme a alguna de aquellas convocatorias. Los echaba de menos, me hacía ilusión saber cómo estaban, qué era de sus vidas.

Los encuentros no eran ya tampoco tan de fiesta loca -los años pasan para todos- y era muy bonito poder “tocar mare” ese día, un día cada año. Como si estuvieras componiendo un collar, y cada año ensartaras una cuenta.

Los años que no iba mi hermana me enseñaba las fotos y me contaba las anécdotas, y yo las disfrutaba.

Así que este año también me he unido a la celebración. Uno de los primos ofreció su casa que recién estrenaban, y cada uno llevamos algo para animar las dos paellas que íbamos a encargar.

Yo horneé unas tartas, y hoy dejo aquí una de las recetas. La de la tarta de manzana ya estaba aquí, y la receta de la galette de higos y moras la podéis ver aquí. Las fotos no acompañan, pero es que estaba horneando a las 7 de la mañana para poder coger el tren de las 10 a Benicasim con mis tres tarteras embutidas en una bolsa de pastelería. No me cabe ninguna duda de que viajar en tren sola y cargada como si fuera el ordinario le añade efervescencia a la aventura. A mi abuela Marita le hubiera encantado y divertido, algo que también combina de perlas con la celebración. 🙂

De esa gratísima comida me llevé varias conclusiones: una es que me parece increíble que tengamos ya la edad que tenemos y que nuestros hijos tengan la edad que tienen. Creo que siempre persiste una una cualidad ilusoria, irreal, en la experiencia de ver madurar a las personas con las que has sido niño.

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Y “ver” es aquí una palabra exacta, porque como a muchos de ellos sólo los veo esa vez en todo el año, puedo “verlos” crecer con toda elocuencia de un año para otro, como una película pasada a cámara rápida.

Otra es que todos tenemos algo que no ha cambiado con los años. A menudo pienso en aquella escena que nos enseñaron en el cole de monjas, de San Pedro recibiéndote en el cielo. Y siempre me imagino que en vez del DNI, eso que no ha cambiado es lo que le deberíamos enseñar para dar constancia de quiénes somos.

Otra es que ser capaz de mantener un grupo de afectos, aunque no conlleven intimidad real, a lo largo de la vida, te conduce a entrar en un modo de relación muy peculiar con el tiempo, con el paso del tiempo, y te regala una clase especial de confianza en la amabilidad del universo.

Y otra es que estos encuentros se han convertido en una metáfora plástica de aquel título de la novela de Milena Busquets, Esto también pasará. A lo largo de la eclíptica que dibujan en nuestra línea vital estos encuentros, hemos visto bodas, fortunas cambiantes en el trabajo, enfermedades, divorcios, fracturas familiares y personales, muertes, nacimientos, cambios drásticos y cambios dulces. Hemos visto de todo. Y todo lo hemos superado, cada uno y en grupo. El grupo ha ido cambiando, polimorfo, como los camaleones cuando el color del paisaje sobre el que están se modifica.

Ha ido surfeando cada ola.

Cada uno de nosotros ha ido surfeando cada ola de su vida. A veces ha costado un año entero, de un encuentro a otro, conseguirlo. Pero al final lo que se comparte en estas citas es justamente eso: cómo ha sido este año nuestra gran ola, y cómo hemos conseguido surfearla.

Cómo nos ha ido surfeando desde que dejamos de ser jóvenes.

Y puesto que todos estábamos ahí, vivos, sanos y juntos, la respuesta es sencilla.

Nos ha ido la mar de bien.

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.· tarta de nutella ·

· para doce porciones · temperatura del horno: 150º · dificultad: moderada· estado de ánimo: solar ·

 

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{para la corteza de avellanas tostadas}

  • 120g de avellanas tostadas picadas
  • 125g de harina común
  • 25g de azúcar blanco
  • un pellizco de sal
  • 115g de mantequilla fría en cubitos
  • 45ml de agua helada

{para el relleno de Nutella}

  • 14g de maicena
  • 480g de nata para montar
  • 225g de Nutella
  • un pellizquito de sal
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla

Precalentar el horno a 150º.

Extender las avellanas picadas sobre papel de horno o sobre un tapete de silicona colocado sobre la placa del horno y tostarlas durante unos minutos, hasta que estén suavemente doradas.

Dejarlas enfriar 5 minutos.

Subir la temperatura del horno a 175º.

Para hacer la corteza, colocamos en el vaso de un procesador 3/4 partes de las avellanas tostadas junto a la harina. azúcar y sal hasta que adquiera cierta consistencia.

Reservamos el resto de las avellanas picadas para adornar la tarta.

Añadimos la mantequilla y pulsamos el procesador unas pocas veces de modo breve, hasta que la mezcla tome la apariencia de una masa de migas gruesas.

Pasamos la mezcla a un bol, y añadimos, de una en una, hasta tres cucharadas de agua helada, para conseguir una masa que pueda extenderse y mantener su forma sin disgregarse.

Ayudándonos de las manos enharinadas o con el reverso de una cuchara enharinada, depositamos la mezcla sobre la tartera protegida con papel de hornear o bien enmantecada y rociada con azúcar blanco.

Vamos presionando la masa contra el fondo de la tartera y extendiéndola hasta cubrir el fondo y los laterales por completo con una capa no demasiado delgada de la masa quebrada de avellanas.

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Colocamos encima un papel de hornear y sobre éste pesos para cocer en blanco, canicas, garbanzos, judías, lo que solamos utilizar nosotros.

Cocemos en blanco a 175º durante 20 minutos.

Al terminar el tiempo sacamos del horno, retiramos los pesos y el papel y colocamos sobre una rejilla para que se enfríe sin sacarlo del molde mientras preparas el relleno.

 

Para el relleno, mezclar la maicena con un poco de la nata hasta que se disuelva bien, para asegurarte de que no quedan grumos. Entonces, añades a esta mezcla el resto de la nata, la nutella y la pizquita de sal en un cazo, y lo pones a fuego suave, removiendo, hasta que veas que espesa un poco y se convierte en una especie de crema pastelera densa. Deberá hervir muy suavemente unos minutos, 2-5 minutos.

Retiramos del fuego, añadimos la esencia de vainilla y removemos bien.

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Vertemos la crema sobre la base de avellanas, y podemos darle forma de olas o de tirabuzones o de caracol, si queremos, sin estresarnos. Un acabado rústico queda precioso.

Colocamos las avellanas picadas reservados dibujando un halo alrededor del borde de la tarta.

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Enfriamos en nevera durante al menos 4 horas.

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Es ésta una tarta de pocas contemplaciones… lo mejor que se puede hacer con ella es cerrar los ojos y tirarse en plancha. Ojos que no ven… dejan el régimen ya si eso para después de Navidad.

(he de decir que mis primos dejaron la bandera bien alta: después de dos maxipaellas, torraetas de anchoas, crudités con su salsita blanca, picaetas varias y aperols y caipiriñas a gogó, quedaron en los platos poco más que las migas. Encajadores todos ellos. Gran virtud vital. Sí señor.)

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Esta receta procede del blog Sally’s Baking Adicction, Nutella tart with toasted hazelnut crust.

Con esta receta regreso a mi blog después de varios meses en el dique seco.

No es casual que haya elegido esta historia para reemprender mi escritura: otra de las cosas que una aprende rápido veloz cuando le toca vivir épocas difíciles, es que la mejor pastillita para mantener la cordura que existe en el mundo es la que se hace juntando bien apretaíto el afecto de todas las personas que te quieren. BESOS PARA TODOS. Y GRACIAS.

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12 Comentarios

  1. Hola Fernanda,
    (…)

    Tu viaje en tren me ha traido un recuerdo.

    Cuando era crío e íbamos de vacaciones a Alicante el asunto iba de ir en el expreso de la noche. Como 12 horas en tren nocturno. Que se dice pronto. Y que se lo dices a un chaval ahora y se te desmaya el angelet.

    Tras la noche en una de esas cabinas de tren propias de un relato para Hércules Poirot, despuntaba el dia y ¿qué ocurría? Que quedando casi tres horas para llegar el vagón parecía la kasbah. Gentes que iban y venían, tarteras de allí y de allá. ¿Ustedes gustan? Embutidos, tortillas, filetes empanados que iban de cabina en cabina, de vagón a vagón. Aquello parecía la fiesta de un pueblo que se movía sobre railes.
    Para el crío que era eso era algo increible. Paisaje (uvas metidas en saquitos), paisanaje, navajas cortando panes, tortillas y chacinas, acentos de un lugar y otro. Nadie te conocía y todos nos conociamos.

    Besos.

    Jose

    • Compartir el pan siempre ha sido la manera más simple y eficaz de sentirse ciudadano del mundo, verdad? “Nadie te conocía y todos nos conocíamos” Cada vez pienso más que de eso precisamente es de lo que trata esta cosa de aprender a vivir como persona en este mundo… Besos!

      • Es importante compartir el pan. Es importante compartir el pan con quien así lo merece, no con el primer (o la primer) calandracas que se cruza 😉

        Compartir el pan. Compañeros. Companaje. Compango. Hogaza. Fuego. Hogar. ¡En el hogar no entra cualquiera!

        Besos.

      • Magnífico el post. Capacidad para transmitir ese vivir como persona en este mundo tienes, Fer. Te copio la frase.

        • Ya sabía yo que tú ibas a estar de acuerdo conmigo en eso. JAJAJAJAJA. Además de mayores, nos hemos hecho sabias, querida. Un gran beso.

  2. Primero que nada aquello de la revista : “Agradecida y emociónada….. gracias por ….volver….”

    Y…… ahí veo las tortas, pero….. que estando tan cerca no me llegará un “cachito”………

    Y ya en serio. Que bonitas todas las sensaciones que pudieron ir sintiéndose junto a los primos desde pequeña y luego año tras año hasta llegar al punto en que os encontráis ahora, habeis pasado por muchas vivencias, pero ninguna de ellas han conseguido separaros, seguís unidos y a ese “grupo” se han ido incorporando vuestras parejas. Bella la unión equilibrada que habéis conseguido, junto con el cariño. Creo que ahora hay otra misión y es conseguir lo mismo con los primos pequeños, con la nueva generación, porque algunos de ellos siguen veraneando en el mismo sitio, pero otros no y lógicamente algunos no se conocen a penas entre sí. En el aire dejó es idea que ya hace tiempo ronda por mi mente.
    Besos a ti sobrina y a todos los que “estan“ en esas fotos.

    • Jajajajajaja. Me encanta lo de Lina Morgan. Todo un honor oírlo 🙂 Pues sí, me ha costado un poco porque en la última época me ha sido imposible encontrar la tranquilidad y la concentración necesarias para poder escribir, pera aquí estoy otra vez. Y tienes razón en lo de los niños. Los encajes familiares, la conservación de los lazos de familia son algo cada vez más difícil ahora que ya no se consideran una obligación que no se puede cuestionar. Sería bonito que la nueva generación pudiera tener la ocasión de conocerse y establecer, si así les surge, una relación de mutuo afecto. De hecho en la comida de este año ya se comentó, y pienso que es fácil que el próximo año haya una convocatoria con niños. A mí también me parece que es una idea fantástica. Un besazo fuertísimo!!!!

      • Ah, y por alusiones: cachito no te llegó porque ni migas dejaron!!! (Noël por la mañana cuando me iba hacia el tren me decía, toda indignada, me parece increíble que hayas hecho 3 tartas y que no me dejes ni probarlas!!!) 🙂 🙂 🙂

  3. y… te dió tiempo de hacer las fotos??? Eres una artista! Te admiro! y te quiero. Besos

    • Malamente… 🙂 Pero esta vez no eran lo más importante.

      Y YO A TIIIII

  4. Enormes y compartidas sensaciones, prima!!!…y sí!!..las tartas estaban es-pec-ta-cu-la-res!!! Cómo iba a sobrar!! Besos

    • Jajajajaja. Hola primo pequeño Fernando.
      Qué GRANDE eres!!!! Un gran gran gran beso.

      (y mil gracias por la preciosa casa y por la supergenerosa y encantadora hospitalidad).

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