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Escrito por el Jul 11, 2016 en cocina de cosecha | 12 comentarios| etiquetas: abuela Marita, chocolate, chuches, comidas de celebración, crecer, Jaime, pollos, tartas dulces, verano

tarta hansel y gretel

seguid hambrientos, seguid alocados

Mi primer pollo nació cuando comenzaba el verano. Antes de las calores. Antes de los días de playa.

Cuando faltaban pocos días, cada tarde-noche mi abuela Marita me llamaba desde Castellón para preguntarme cómo estaba. Una noche me dijo, si nace mañana, será del día 2, como el bisabuelo Fernando.
Y así fue.
Nació el día 2, como el bisabuelo Fernando, su padre.

Las abuelas aún pudieron disfrutar del pollo, que para Marita fue el primer bisnieto.
Esta foto la heredé con su álbum cuando ella faltó; había escrito la fecha detrás, con su letra de escuela: 27 de julio de 1991.
El pollo tenía 25 días.

Jaime con bisabuela Marita

Para mis padres fue el primer nieto y en la rama materna de mi familia Jaime fue el primer bebé; como suele suceder en estos casos, no había bastante bebé para todos.

Jaime conmigo en la terraza de Benicasim, septiembre 1991

Recuerdo haber pasado la tarde y parte de la noche, cuando ya había roto aguas hacía unas horas y sabía que el bebé ya venía, viendo dibujos de Bugs Bunny en el sofá del comedor, contando contracciones, sola y tranquila.

Creo que no tenía miedo. Los dibujos animados siempre han sido mi refugio perfecto contra cualquier clase de inquietud.

Fue un parto bueno y rápido, un parto en vivo, a la antigua, que en efecto duró una horita corta.
No tenía ganas de ir al hospital, así que esperé y esperé mirando a mi conejito de la suerte, hasta que yo misma entendí, aún contra toda mi resistencia, que era hora de marcharse.

Recuerdo que al llegar la comadrona me dijo, chica valiente, en una hora lo has tenido.
Y así fue.
Aunque mi hermana dice que cuando me sacaron del paritorio se acercó a darme un beso y yo le dije: no tengas hijos.
En las situaciones más insospechadas puedo desplegar una capacidad de síntesis asombrosa. 😉

 Jaime en la playa de Benicasim, 1992

En realidad y pese a lo que le dije a mi hermana, yo deseaba ese bebé con todas mis fuerzas. Para mí era el momento, estaba madura para él.
También era para mí, creo, la intución de una vía de crecimiento, de cambio.

En mi vida de entonces, que pese a mi juventud estaba bastante varada, yo alimentaba esa confianza. La confianza en un renacimiento.

Mi primer pollo fue el de aprender a ser mamá.

Con el primero aprendes lo más importante de todo: que la madre eres tú, y que todo lo demás sobra.

Aprendes a hacer espacio para tu propia maternidad, le haces hueco para que pueda germinar y expandirse.

Eso es algo que los pollos que vienen después se encuentran hecho, un trabajo de fe, minería y fiereza que haces con el primero.

Jaime con los abuelos maternos

Hay tantas cosas que aprendes a hacer con el primero, tantas novatadas que te pillan por detrás.

Todo lo más difícil te lo enseña el primer hijo.
Creo que siempre es la crianza más fragorosa, la que lleva aparejada más pelea, más esfuerzo íntimo. Pero también más descubrimientos, más sorpresas, más momentos de arrobo. Porque todo es nuevo y extraordinario.

Una lo va haciendo lo mejor que sabe, y con ese manual de autoconfianza que vas escribiendo debajo del brazo, y que ya no dejas de escribir, cambias para siempre.

Y el bebé era un pollito listo y bueno, tranquilo, que lo miraba todo con los ojos muy abiertos y que aprendía deprisa deprisa.

Jaime con Merlín en Benicasim

El pollo y los amigos del pollo han hecho mucha vida de casa.

Nuestra casa ha sido en sus varias etapas una casa de niños, y todos han salido y entrado de ella como de territorio amigo.

Durante muchos años ha sido una casa ocupada (de alguna manera aún lo es), y eso para mí ha sido un lujo y un privilegio.

Me ha permitido estar mucho más cerca de ellos, conocerlos mucho mejor, estar rodeada de ellos y de su vitalizante jolgorio mucho más intensamente.

Jaime dibujando en Pirineos

Aún ahora, con sus 25 años, sus largas partidas al Catán con los amigos en la terraza de casa y el horno cociendo pizzas en serie, Noël con sus amigos entrando y saliendo, las guitarras dejadas caer en los sofás y todo por en medio mientras les oigo gritar, reírse, bromear y tomarse el pelo, sé la suerte que tengo.

Ojo, tiburones

Aprecio esta fortuna.

A su edad yo hacía dos años que me había ido de casa. Y me había ido muy lejos.
Aunque es verdad que mi casa familiar, entonces, no era como la que he hecho yo ahora.

Macarena, Sara, Marina y Jaime el día de su graduación, en el patio del cole

Probablemente no conozco a nadie que haya cambiado tanto como este pollo.

Cambiado a base de esfuerzo personal, evolucionado, mejorado.

Comida de verano en plan Ibiza

A veces lo miro, o lo escucho decir algo que me sorprende (y me sorprende tantas veces), y siento esa brusca expansión de la línea del tiempo, como si estiraras de una goma hasta el límite y luego la soltaras: esa incredulidad de que lo estás viendo provenga de aquellos recuerdos tan vívidos, aquel pollito suave como de plumas, mirando plácidamente el techo de su cuna blanca mientras cantaba cosas ininteligibles y agitaba los piececitos con cara de ensimismada alegría.

Jaime, sus patillas y el abuelo

Mi tía me escribía el día que el pollito cumplía 25 años, y me decía, aiiii con lo pequeñito que era…! (ya se sabe, cosas de éstas de tías y mamás más blandas que la nata).
Y yo le decía, pues sí, y lo grande que se ha hecho, y que sepas que lleva el pelo azul.
¡¡Azul!!, exclamaba mi tía, con tono de ligera horrorización (eso suponiendo que el tono de los mensajes de wasap se pudiera oír).
Azul, repetía yo.
Como los pollitos aquellos que nos regalaban por Navidad teñidos con anilinas que corrían por el pasillo de casa como descosidos.

Pues eso. Que nos hemos quedado sin pollito…

O no.

Jaime en modo chiringuito playa

Porque igual que yo esperaba que mi pollo sacara la cabeza viendo dibujos de Bugs Bunny, él también tiene una irrefrenable y persistente vena de pollo pequeño, travesuelo y diablorillo.

Así que he decidido prepararle una tarta ad hoc.

Jaime con Itziar, Macarena, Marina, Sara y Gema de vacaciones en Gandía

Cuando eran muy pequeños, en Navidad solían hacer en la tele episodios especiales de Looney Tunes con los protagonistas de siempre en producciones más largas, muy cuidadas, estrambóticamente deliciosas, como la que estaba basada en el Barbero de Sevilla, la de Marvin el Marciano, aquella sobre la ópera, la (inquietante) de Jekyll y Hyde o la de la bruja verde de Hansel y Gretel.

Victor, María, Noël y Jaime en el último capítulo de Star Wars

Todos les encantaban (y a mí!!) pero adoraban el de Hansel y Gretel.

1 de enero de 2012: ¿a que no se me nota la resaca?

Se tronchaban de risa cada vez que Bugs Bunny le decía al príncipe recién desmontado del caballo que le estaba besando la mano que no, que se había equivocado de historia, que aquello no era Blancanieves sino Hansel y Gretel.
El pobre príncipe se daba la media vuelta desolado, repitiendo aturdido Haaaaaansel?, Hanseeeeeel? como si hubiera caído por error al otro lado de un agujero negro y no entendiera nada de nada.

Y los dos pollos rodando por la alfombra de risa.

1 de enero de 2013: Prediction cat predicts...

Así que, qué mejor para celebrar la espectacular y glamorosa entrada de mi pollo con pelo azul en el mundo de los adultos maduros y cabales, que recordarle que ya sean 25, 50 o 75 los añitos que cumpla, sigue siendo muy bien eso de mantenerse en contacto con el lado Bugs de cada uno…

1 de enero de 2015: va por ustedes

Mi querido pollo: viniste al mundo bendecido por un buen manojo de dones.

Sigue cuidándolos. Sigue construyéndote. Sigue mejorando.

Si sabes verla así, vas a tener una gran aventura por delante…

Ahora mismo, vosotros sois lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, seréis los viejos. Y seréis eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es cierto. Vuestro tiempo tiene límite, así que no lo perdáis viviendo la vida de otra persona. No os dejéis atrapar por dogmas, no viváis con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitáis que el ruido de las opiniones ajenas silencie vuestra voz interior. Y más importante todavía, tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser. Todo lo demás es secundario.

Steve Jobs

tarta hansel y gretel

{para la base de bizcocho}
  • 400 gramos de azúcar
  • 250 gramos de harina normal o de repostería
  • 60 gramos de cacao puro en polvo
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita y media de levadura química
  • casi una cucharadita de bicarbonato
  • 2 huevos grandes
  • 250 gramos de leche
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla
  • 125 gramos de aceite de girasol
  • 250 gramos de agua caliente
{para la cobertura de chocolate}
  • 250 gramos de créme frâiche
  • 500 gramos de cobertura de chocolate o de chocolate con leche, si queremos más suavidad
  • 1/4 de cucharadita de sal
  • 225 gramos de mantequilla en textura de pomada
{para decorar la cobertura}
  • chuches variadas a gusto del cumpleañero (se pueden comprar a peso en sitios como Belros, o en los Consum)
  • unos cuantos bombones bonitos
  • un botecito de azúcar dorada (Vahiné tiene, y en los supermercados suele haber)

Calentar el horno a 175º.

Engrasar un molde cuadrado o rectangular desmoldable. El mío mide 32 x 22 cm. Invertir en un buen molde es algo que termina siendo muy rentable. Mejor invertir en tener solo dos o tres muy básicos, pero de excelente calidad. Los moldes buenos pesan, recordarlo. En estos temas la calidad salta a la vista (y no me refiero sólo a la etiqueta con el precio).

Colocar en el bol de la batidora-amasadora con el accesorio pala el azúcar, la harina, el cacao en polvo, la sal, la levadura y el bicarbonato. Mezclar. Añadir los huevos, la leche, el extracto de vainilla y batir al 2 (velocidad media) durante un par de minutos.

Añadir el aceite y batir hasta que se incorpore. Incorpora el agua caliente y batir hasta que quede una mezcla homogénea y suave. Quedará bastante líquida.

Pasar la mezcla al molde y cocer en el horno ya caliente, durante 30-35 minutos. La mezcla ya cocida se habrá fruncido ligeramente en los bordes del molde y retirado un pelín hacia el centro, y se habrá hinchado suavemente por el centro (luego puede bajar y la capa más superficial puede descender un poquito arrugada, como una piel finita). Un palillo insertado saldrá casi limpio, sólo con restos de humedad.

Colocar el molde sobre una rejilla para que comience a enfriarse.

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Cuando pueda manejarse bien, desmoldar y volver a colocar en la rejilla para que se termine de enfriar.

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Mientras, preparar la cobertura. Colocar la crema y el chocolate troceado en un cuenco metálico, y ponerlo sobre un cuenco o cazuela con agua hirviendo (fuera del fuego. Hirviendo o muy caliente). Dejarlo así 15 minutos, sacudiendo el cuenco de vez en cuando para que el chocolate se sumerja y vaya fundiéndose, para que se derrita con suavidad. Después mezclar con una espátula hasta amalgamar.

Añadir la mantequilla, que estará muy blandita, y dejar en reposo otros 5 minutos. Mezclar muy delicadamente con la espátula. Dejar reposar en el cuenco, sin volver a tocar la mezcla, hasta que lo vayamos a gastar, bien a temperatura ambiente bien en la nevera.

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{montando el pastel}

Con el bizcocho desmoldado, frío y en un plato, cogemos el bol con la cobertura y una espátula. Vamos extendiendo la cobertura como si diéramos brochazos, de una manera espontánea e irregular sobre la superficie del bizcocho.

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Al acabar, tendrá un aspecto de olas encabalgadas, aterciopelado y suntuoso.

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Preparamos la mezcla de chuches que vamos a utilizar.

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Antes de que la cobertura adquiera una textura más compacta por el frío de la nevera, colocamos los bombones y las chuches que hayamos elegido, como si fueran florecitas sobre un prado.

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Al acabar, lo rociamos con azúcar dorado, sin pasarnos. Sólo un poquito de rocío…

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¿A que no es tan complicado como uno piensa que va a ser cuando ve las fotos? Para nada.

Ya está listo. Y ahora a la nevera, tapado si es posible. La teoría dice que durará hasta cinco días. (Puedes apostar con toda calma a que si hay parroquia convidada ni de coña durará cinco días).

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O a un lugar no demasiado cálido, donde lo podremos conservar a temperatura ambiente durante tres días.

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Y ahora a disfrutarlo.

Y que empiecen las apuestas…

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¡Feliz verano para todos!

“Seguid hambrientos, seguid alocados” es una frase que citó Steve Jobs en su discurso para la graduación de Stanford, en 2005. La cita que cierra la entrada pertenece al mismo discurso. Es una pieza maravillosa, podéis leerlo entero aquí.

Si sois de los que aún os mantenéis en alegre condominio con vuestro lado Bugs, podéis volver a rodar gozosamente sobre la alfombra viendo todas estas maravillas:

Bewitched Bunny

Rabbit of Seville

Marvin the Martian in the 3rd Dimension

What’s opera, Doc?

Hyde and Hare

El bizcocho y la cobertura de esta tarta están hechos siguiendo la receta de la tarta de chocolate de Maya, del libro de Alice Medrich, Flavour Flours.

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12 Comentarios

  1. Me encantan las historias de tus pollos! Felicidades.

    • Muchas gracias Mar! Un beso!

  2. Los polluelos siempre lo son para las gallinaceas madres 🙂

    Saludos,

    Jose

    P.S. “con su letra de escuela”

    • ¿verdad que sí? Eso me temía.
      Si tú me lo confirmas, que entiendes de gallinas, pues qué más necesito.

      Feliz noche. Gracias. Un abrazo.

  3. Siempre me haces sonreír/llorar. Y tienes un pollo azul/blanco maravilloso. Y con una gran suerte de tener una madre como tú. Gracias wapa.

    • Gracias a ti hermanito. De todo corazón. Te quiero mucho. Este pollo ha tenido un gallinero pequeñito pero imbatible, y en eso sí que ha tenido suerte. <3

  4. Qué bonito verlo crecer, en las fotos y en tus sentimientos. Efectivamente era tan pequeñito….. Y es que era el primero de otra generación, y una vez más la ilusión renacía en todos, bisabuelas, abuelos, tíos, tía abuela, primos. El juguete de todos, y todo el cariño para el. Nos diste un regalo, un lindo regalo a todos. Y además era (es) tan guapo, creció siendo tan lindo.
    Tu dedicación, tu esfuerzo dio su fruto. Puedes estar orgullosa de ellos y de ti. Besos sobrina.

    • El pollo ha tenido unas cuantas pilas inmejorables a las que salir. Una lleva el título y las otras no, pero da igual, ha cogido un poco de todas. Suertudo el pollo, tanta pila buena para heredar. Tengo una foto fabulosa tuya con él jugando en la casa de Castellón cuando aún ni andaba. A ti se te caía la baba, y él se partía de risa. Besos muy gordos tiíta.

  5. Hacía tiempo que no pasaba a leerte, y siempre se me queda tan buen sabor de boca. Qué lindo tu niño y qué bonito todo lo que cuentas y cómo lo cuentas…Ahhh la tarta…qué rica y tan divertida con esa decoración!
    Un beso grande! un placer leerte….

    • Muchas gracias bonita. Siempre me da muchísima alegría mandarte besos desde aquí. Te deseo que pases un felicísimo y tranquilísimo verano, en tu pueblico o donde vayas. Que descanses, duermas a pierna suelta, juegues mucho, respires y te rías a montón. Un abrazo gordo!

  6. Felicidades al pollo con cierto retraso.
    Comparto lo comentado por José Luis!
    Un abrazo familia

    • Otro para ti primo! Tus pollos no llevarán el pelo azul pero también estarán ya dirigiendo el gallinero, eh? Nos vemos enseguida!! Ánimo que ya no nos queda nada!!

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