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Escrito por el Sep 2, 2014 en liturgia de las horas | 0 comentarios| etiquetas: aniversario, gratitud

gracias

Este verano ha hecho un año desde que empecé a escribir este cuaderno (tan ligero, ni papel, ni páginas, sin lomo, sin gusanillo). Como las cifras siempre imponen un cierto peso, he pegado un vistazo hacia atrás. Y he visto que este año me he sentado 80 veces a escribir 80 pequeñas historias, con sus casi tantas recetas de ir por casa.

Ahora me parecen muchas, 80. Una bonita cosecha.

Y hoy me siento a escribir sólo para daros las gracias. A todos los que me habéis ido leyendo en silencio. A todos los que habéis tenido la generosidad de escribirme. A los que me habéis dejado comentarios todas las semanas durante temporadas larguísimas.

A todos los que me habéis parado aquí y allá para decirme que le habéis reenviado mis entradas a éste o a aquella, o para contarme una historia que tiene que ver con algo que he escrito, o para enseñarme una foto de una receta que habéis probado(incluso para enseñarme una foto de una receta que ha probado uno de vuestros amigos con reenvío!)

Por todas las historias vuestras que me habéis contado enganchadas con las mías, componiendo un hilo más rico y más largo.

A todos los amigos nuevos que he conocido a través de este cuaderno, y a los amigos antiguos a los que he conocido mejor.

A R., mi fotógrafo, (y mi marido), que se ha pasado tantas medias mañanas de domingo de este año poniéndole una piel a mis platos y a mis trozos de historias.

A J., guardián de las 7 puertas, mi Hormiga Atómica preferida. Sin él mi web no sería la mitad de bonita.
De hecho, hoy por hoy, después de los varios hackeos que hemos tenido este verano, por no tener, hoy no tendría ni web.
Además (y no menos importante), sin él no me habría divertido ni cuarto y mitad, y me habría desesperado el triple con esto del código, el SEO, el CMS y toda esa sarta de palabrotas -no voy a decir que no he tenido mis desesperos porque me arriesgo a que se esté riendo de mí hasta el día del Juicio, y tampoco es eso. 😉

Sin olvidar a mis dos pollos, que se zampan lo todo que sale de la puerta de la cocina con cara de felicidad.

He tenido mucha, mucha compañía.
Y de la mejor.

Gracias a todos, de todo corazón.

p.d.: así que, después de tanto bueno, ahora, ¡a por la segunda velita!

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