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Escrito por el Mar 21, 2021 en liturgia de las horas | 6 comentarios| etiquetas: primavera, renacimiento

mi hermana y la primavera

No quiero pensarlo y en realidad no quiero decirlo ni escribirlo (pero si no lo escribo miento, y el verdadero valor de este cuaderno es que aquí nunca necesito mentir), pero ha sido un invierno cansado y flojeras. Con la energía bajo mínimos. Con la sensación de que otra vez me había dejado secuestrar por mi trabajo. Con mucha presión de cosas que hacer que no podían esperar (vaciar la casa de mi madre, estar junto a mi hermana en su separación) sin fuerzas verdaderas para hacerlas, y que sin embargo se han hecho y se han hecho bien.

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Pese a esa sensación de saber que estás haciendo las cosas bien, de fondo está el desánimo, el ánimo cansado, abotargado, que no puede despegarse del suelo. Una tristeza vaga. Largos paisajes soñolientos.

Como me ha pasado en otras ocasiones importantes de mi vida, ha cambiado la luz, y el mundo ha hecho “click”.

Han comenzado a llegar sueños tan vívidos como una vida vivida en otro lugar y en otro tiempo. Como si la energía estuviera detrás de un portal que puede abrise y cerrarse. Como si saliera de un grifo, despacio, la energia ha comenzado a regresar.

Qué sensación más rara y más maravillosa, la de la energía regresando después de un tiempo de agotamiento y sequía. Como cuando riegas una maceta que se ha echado a perder por falta de agua: al principio la riegas y el agua se resbala entre las grietas firmes de la tierra. La maceta casi no puede ni beber. Poco a poco, la tierra se esponja y puede retener más agua. Se establece el círculo mágico, y el agua que se queda comienza a obrar los pequeños milagros que le van a dar la vuelta a todo.

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Pues lo mismo.

La primavera ha comenzado a tender sus redes mágicas, a anunciar sus pequeños pasos sobre el invisible círculo equinoccial. La manija del grifo ha comenzado a abrirse.

En mi familia materna hay una de esas historias-trampa sobre el amor que se transmiten silenciosamente, como algunas mutaciones genéticas, a través del linaje de las mujeres.

Viven y prosperan en la cómoda sombra de la inconsciencia. Y después nos atacan cuando menos lo esperamos. No las vemos venir. Somos mujeres inteligentes y hemos dedicado tiempo y esfuerzo a cultivarnos. Da igual. No las vemos venir.

La amenaza-fantasma, las llamo yo. Y las llamo así porque nosotras estamos en el bando colaboracionista. Eso lo hace todo más complicado. Porque, de entrada, no estamos a favor nuestro, sino del enemigo. Quiero explicar que gasto la palabra enemigo sin querer llevarla a un nivel más personal. Sé, veo, creo, que quienes han protagonizado esas historias con nosotras eran, a su vez, víctimas de sus propias historias-trampa.

Al principio no lo queremos ver. Nos contamos historias a nosotras mismas. Forzamos las piezas del puzzle todo lo que haga falta hasta que las esquinitas encajan.

Cuando de verdad lo vemos, ya es muy tarde para todo lo que no sea hacer las maletas y marcharse.

Y cuando nos vamos y recuperamos nuestro centro, es cuando de verdad nos damos cuenta de la tremenda magnitud de lo que nos ha pasado.

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Pero nosotras romperemos esa herencia, echando luz a pozales sobre las zonas de sombra.

Mi hermana comenzaba una nueva etapa tres días antes de Nochebuena. Quería que esta Navidad ya la pillara en un nuevo territorio. Fue una idea feliz.

Las rupturas significan que hay que reconstruir nuestro paisaje, Y eso significa mucho trabajo de toda clase.

Este invierno ha sido el tiempo de ese trabajo.

Yo le decía a mi hermana, mietras terminaba de vaciar la casa de mi madre, que sería bonito que terminase todos esos trabajos (la mudanza, los cabos sueltos pendientes) antes de hoy, antes del equinoccio. Para que pudiera recoger en su vida nueva el impulso de la primavera naciente. La energía rosada y blanca de la primera luna llena de primavera, la luna de Pascua.

Mi hermana me escuchaba, creo, como de loquita a loquita, pero yo notaba que estaba también abierta a lo nuevo, puesto que lo radicalmente nuevo es ahora su territorio cotidiano.

Ayer nos pusimos mensajes de recuerdo y esta mañana nos hemos felicitado el día: ella había domido como un lirón después de una tarde feliz ayer con sus amigos, yo había tenido maravillosos sueños vívidos. He desayunado una nueva tanda de mermelada de limón que hice ayer por la tarde con los limones cascarúos del limonero de mi padre, junto a un ramo de narcisos amarillos, sol dentro de un vaso; ella iba a comprar flores para celebrar la primavera con una copa de un vino especial. La energía primaveral en acción.

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Yo pensaba cómo explicarle a ella qué es esa energía de la primavera (del ciclo de las estaciones) que yo siento en mi cuerpo y en la que creo y confío.

Creo que lo que significa es: eres una criatura animal. Lo esencial es solo lo esencial: comer, descansar en cobijo, estar sano, tener ilusiones y sentir que vives en un clima que te hace sentir cómodo. Los animales tienen su instinto para determinar si algo es beneficioso o perjudicial para ellos. Signos, señales, vibraciones, conexiones. Nosotros también las tenemos. Un poco oxidadas, olvidadas, deterioradas, pero las tenemos.

La energía de las estaciones nos recuerda que somos animales, turistas de esta tierra, viajeros del planeta en el mismo viaje que el resto de criaturas, y que nuestra veleta de orientación en este viaje es: disfrutar del lujo de estar un día más aquí, buscando ese nido, ese clima, esa tribu, que resuena con ese otro “algo” difícil de nombrar que llevas dentro y que te hace sentir que te amplificas, te extiendes, fluyes sin esfuerzo con la alegría del agua de manantial.

Esa sabiduría instintiva: aquí sí, aquí no.

Tierra buena, flor, fruto.

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Y también: lo que hoy florece, mañana ha de hibernar.

Esa es la sabiduría de la naturaleza de la que somos parte (aunque nos parezca que no, que nosotros somos diferentes a las demás criaturas, la primera criatura que se ha hecho independiente de la naturaleza… Da para reirse. Somos soberbios, sencillamente).

El equinoccio nos permite celebrar esa consciencia, esa preciosa seguridad básica de criaturas regidas por un código mucho más sencillo que el laberinto de acertijos del código social que elabora cada época, cada comunidad, cada civilización.

¿Estás cómodo? ¿Estás vital? ¿Te sientes bien? (¿Eres feliz?)

¿No?

Pues coge la maleta y parte hacia otro lugar, hacia otro episodio de tu vida.

Eso celebramos hoy, celebro hoy.

Que somos mujeres creciendo bajo el hálito sencillo y sabio de la primavera.

Que se nos vela la vista a veces, pero la primavera nos rescata con su lucidez de floración.

Que la luna llena de primavera nos recuerda de qué estamos hechas. Hacia dónde queremos ir.

Que cuando cada una de nosotras resurge, lleva con ella, igual que un surtidor arrastra piedras y tierra, a muchas otras amigas, hermanas, mujeres, compañeras de viaje. Que cuando una despierta, otras despiertan.

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Que el signo de la primavera es florecer.

Que la flor es futuro.

Así que hoy somos flor. Porque es lo que hemos elegido ser. Flor. Viento de primavera. Futuro.

Mañana ya vendrá.

Y mañana, seremos semilla para otras nuevas primaveras…

 

♥ · SED FELICES, QUERIDAS · ♥

 

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6 Comentarios

  1. Gracias hermanita, ya ha pasado el invierno y sus dificultades y ahora nos espera una primavera maravillosa. He comprado fresias amarillas. Y brindaré esta noche con un buen vino. Por todo lo bonito que viene y por resurgir. Te quiero mucho, bonita. ❤️

    • Muchas veces pienso que la Naturaleza, que no es ciega ni boba sino todo lo contrario, aunque no podamos ver las cosas desde su altura, nos ha dado la oportunidad con todas estas dificultades de volver hacia atrás en el tiempo, atrás de todas las cosa duras que hemos vivido estos últimos 20 años. Atrás a territorio virgen, donde solo contamos tú y yo como somos ahora, y lo que queremos ahora. Me parece un milagro y un privilegio. Te quiero hermanita.

  2. Suerte en este nuevo comienzo, en este nuevo germinar que se adivina sanador y tranquilo. Un beso.

    • Querida Gràcia, tu permanencia en mi vida a través de tus palabras aquí y allá me da una medida feliz de la duración de este cuaderno. Te deseo una primavera llena de la felicidad sencilla de la Naturaleza. Mucho Agres, perros, lectura, atardeceres. Mucha comida sencilla, mucho amor. Un gran abrazo!

  3. … y cosas amarillaaaaaaaaaas =(^.^)=

    Raíz, hoja, flor, fruto. Seguro que Joan Gómez Pallarés nos podría hablar mucho de ello.

    Aun hecho fozzzzzzzfatina por el asma hice lo posible también por celebrar la primavera. Más como sentimiento transmitido por vía oral que por mirar el calendario. Sentimiento transmitido por vía oral por los pajaritos del alfeizar, sin duda ^__^ En el plato conexión con la tierra, arroz de fetge de bou (que era pollo) y en la copa, champagne, ¡qué menos!

    No podemos llevar año y poco de pandemia y todavía seguir pensando «para cuando haya ocasión». Cada día es la ocasión de ver flores brotar, pajaritos piar y la yerba… mmm… la yerba yerbear 😕 Y la primavera como triunfo de la vida es un momento esplendoroso para ser feliz (y abrir champagne).

    … y cosas amarillaaaaaaaaaas…

    Besos. (…) (…)

    • Me parece precioso: hay que celebrar la primavera. Ésta es nuestra segunda primavera en confinamiento. La primera nos pilló de canto y fue difícil disfrutarla, bajo el estado atónito de medio pesadilla de sumergirse de pronto en lo que pasaba. Ahora podemos, conscientemente y como tan bien explicas, salir al campo como loquitos a silvestrear y descorchar champán.¿Cuándo mejor que ahora? Feliz primavera mi querido amigo, que vengan muchos días de yerbitas, pajaritos, flores y cosas amarillas X X X

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