RssFacebookPinterestBlogLovin'
Menú de categorías

Escrito por el May 6, 2018 en cocina de cosecha, reverdece | 1 comentario| etiquetas: ajos, campo, cremas, cultivos, fruta cultivada, frutales en flor, patatas, perejil, primavera, puerros, sopas, tomillo

crema de puerros y ajos

Principios de abril en Murcia.
Mares de espuma sobre los campos verdes.
La efervescencia de la floración de los frutales.

.

.

 

.

.

Cada día, largo paseo por una carretera bordeada de pinos, de las de antes, a la que sólo le faltaban los mojones blancos marcándola de orillas.

Por las mañanas, cuando salimos del hotel, las montañas están envueltas en una neblina perlada que esparce sobre la tierra un vaho de luz sedosa.

El camino, fresco, vacío, somnoliento aún, se ajedreza con los grandes charcos de sombra de los pinos. Sólo trinos de pájaros puntuando el silencio de la mañana virgen.

.

.


.

.

Cuando regresamos caída la tarde, el camino está dorado de almíbar, cruzado, como por lamas de persiana, por la sombra de los troncos esbeltos.

.

.

.

.

A ambos lados, levitando sobre la tierra, extensiones en flor de árboles frutales.
Algunos completamente en flor, otros ya verdeando.

No sé lo que son: quizá manzanos, perales, ciruelos, melocotones.
Campos cuidados como niños bien peinados para ir al cole.

Orden.

Armonía.

Humanidad.
.

.

Transmiten la intensa sensación del poder de una perseverancia astuta y humilde: después de la poda, el crecimiento de los árboles está conducido separando sus ramas principales con cañas, que las mantienen a la distancia mejor unas de otras, para que todas reciban sol y el árbol pueda cargarse de frutos de forma armónica y abundante.

.

.

.

.

Cañas, un cuchillo, una cabecita maquinando, dos manos bien dispuestas, riego, lluvia.
Mucho trabajo. Mucha confianza. Mirar todos los días con ojos que absorben cada detalle.

.

.


.

.

Poco más.

Y el resultado es un mar de espuma nívea, que arrulla un murmullo de abejas en vez de un rompiente de olas.

Algunos campos ya han perdido la flor y los diminutos frutos han comenzado a crecer, aún inclasificables si no entiendes de esto. Redonditos, sonrosándose colgados de los pétalos aún visibles de la flor, promesas de dulzura crujiente.

.

.


.

.

Dentro de un par de meses, las frutas lucirán colores de gema cuando los lugareños paseen bajo la sombra de los pinos de este precioso camino.

.

.

.

.

Otros campos están cuajados de flores cremosas como pompones, blancas y rosadas, radiantes. Ferias de farolitos encendidos.

.

.

.

.

.

.

.

.

Está cayendo el sol.
La hora azul.
Hace frío.

Volver a la habitación tibia deshaciendo los pasos, con los oídos y la piel untados por el empuje del viento y el vuelo de canto de los pajaritos.

La cabeza libre para dar tumbos blandos a su gusto, sin nada que la tironee.
Refrescarse.
Vaciarse.
Volverse a llenar de cosas anchas, limpias, simples, ligeras, sin peso.

Una colocasia traspasada por la luz de la tarde junto a un mirador de cristal.

.

.

.

.

Ver cadenas de nubes azules moverse a cámara rápida acariciándoles el lomo a las montañas que se ven tras las ventanas con postigos.

Ventanitas ambarinas titilando en la hora azul, el olor de la leña quemándose en las chimeneas de las casas, ascendiendo y uniéndose en trenzas de humo perfumado bajo el cielo espeso de día de lluvia.

Los hermosos balcones de rejería tradicional, pintaditos de esmalte brillante y alternados con farolas antiguas, una casa detrás de otra, alineados como un haiku que cuelga de la tarde.

.

.

.

.

Aspirar el perfume de la belleza antigua que no envejece.
La belleza como gracia: esa elocuencia luminosa que emanan las cosas cuando su creador las ha cargado de presencia interior.
Cosas que tienen un espíritu que habla.

Llevarse a la mesilla una ramita en flor. Pétalos blancos, más delicados que el papel de seda, para que se mezclen con nuestros sueños. Medianoche oreada.

.

.

.

.

Sentirse agradecida por tantas pequeñas bendiciones.

Ser consciente del milagro que significa cada día.

Hacer planes para el día siguiente, saboreándolos, apreciando cabalmente la delicia que es poder hacerlos, porque cada día que tenemos es un auténtico regalo.

Saber con el corazón que no pueda una desperdiciar tales regalos empleándolos en sinsentidos, bobadas, vanidades y tonterías…

Ahuecarse las plumitas y sonreír de oreja a oreja.

.

.

·crema de puerros y ajos·

 · para cuatro raciones · dificultad: para principiantes · estado de ánimo: espumoso ·

.

.

 

  • 4 cucharadas de mantequilla y 2 de aceite de oliva
  • 3 cabezas de ajo, con los dientes pelados
  • 1 puerro grande
  • 1 cucharada de hojas de tomillo fresco o seco
  • un kilo y medio de buenas patatas 
  • un litro de caldo de verduras
  • 2 cucharadas de leche evaporada (crème fraîche si quieres más untuosidad) o yogur griego
  • 4 huevos a temperatura ambiente
  • 2 cucharadas de hojas de perejil picadas
  • la corteza rallada de medio limón y de una lima

 

 

En una cazuela colocar dos cucharadas de aceite de oliva con dos cucharas de mantequilla.

.

.

.

.

Añadir los ajos, el apio picado (las partes blancas y verde pálido) y el tomillo y sofreír hasta que se dore el ajo.

.

.

.

.

Añadir las patatas y cubrir con el caldo. Dejar hervir y cocer durante media hora..

.

.

.

.

Dejar enfriar un poco antes de añadir la crema.

Pasar la crema por un procesador. Sazonar con sal y pimienta.

.

.

.

.

Mientras recalentamos un poco la crema, cocer los huevos durante 3 minutos en agua hirviendo, sacarlos con una espumadera a papel absorbente.

Al mismo tiempo, poner a sofreír en una sartén las partes más verdes (pero aún tiernas) del puerro, cortadas en tiritas finas, con dos cucharada de mantequilla y dos de agua, durante unos cinco minutos. Añadimos el perejil picado y la corteza rallada de la lima y el medio limón. Reservamos mientras se macera.

.

.

.

.

Cuando tenemos todo listo, colocamos la crema tibia en los cuencos,  acomodamos un huevo sobre la crema y adornamos con la mezcla de puerro verde.

.

.

.

.

La crema y el aliño de puerro verde puede prepararse el día anterior o hasta dos días antes: así sólo hay que calentarla, preparar los huevos y servir.

Junto a la minestrone –última sopa– ésta es la última cremita de espíritu invernal de este año.

Ahora a meternos con las cremas depurativas, que aunque aún quedarán rastros frescos, la primavera ya se asienta y también nosotros hemos de volver a echar hojitas verdes en todas nuestras ramas. : )

 

Fuente: Bon appétit.

puedes compartir esta entrada en:Facebooktwittergoogle_pluspinterest

1 comentario

  1. Cuanta belleza !!!!!!! En el texto y en las fotos !!!!!! Gracias por estos momentos de paz y sosiego .

Escribir una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *