RssFacebookPinterestBlogLovin'
Menú de categorías

Escrito por el Dic 23, 2016 en cocina de cosecha | 5 comentarios| etiquetas: caramelo, comidas de celebración, embeleso, galletas, Navidad

estrellas de cristal

extravaganza navideña

Quizá de todas las emociones que guardo de la Navidad de mi infancia, de la Navidad pura y dada, de la Navidad misteriosa y emocionante, antes de que hubiera que pasarle el paño de limpiar metales y buscarle otro brillo, mi preferida es la del embeleso.

Embeleso. Qué palabra más evocadora.

Embeleso eran las caras de los niños mirando embobados los juguetes, empañando los cristales con el vaho de su respiración contenida.

Embeleso era la mirada de todos los que contemplaban al niño en el belén: de los pastorcitos, que no solían ver niñitos en pesebres en noches como aquella.

De los borreguitos, que hablaban balleno mucho mejor que los humanos y tenían una piel sedosa sensible a los prodigios, cosa que los pastorcitos no podían imaginarse ni de lejos.

De los Magos de Oriente, que no solían ponerse a seguir estrellas en el cielo todos los días, y que desde luego no solían encontrar bajo la cola dorada del astro detenido, después de un viaje como para perder la boina, un simple y candoroso bebé que dormía apaciblemente en la noche helada, rodeado de un aura palpable de sorpresa y magia…

De la palomita blanca que miraba la escena desde el ventanuco del pesebre, acomodada sobre paja, arrullando al bebé con los arrumacos de amor que aprendió a cantar la primavera pasada.

De la mulita gris y el buey color canela, que lanzaban nubes de vapor como estufas valientes crepitando en la noche, porque sabían de bebés y de noches heladas más que los hechizados papás y tenían muy claro cuál era su misión en medio de esta escena del todo inesperada…

161016_019

Así me imaginaba yo esa historia.

Así la veía reflejada en los belenes de aquí y allá, en los anuncios de la tele (aquella tele casi inocente de entonces), en los cristales de las ventanas de mi cole, adornados con campanitas y hojas de acebo que habíamos recortado y pintado con ceras Manley y Dacs, y abrillantado con barniz de cola blanca.

En las fantasiosas bolas de cristal decoradas con orlas de purpurina que colgaban de las guirnaldas de espumillón y que nos recordaban que largas jornadas de prodigios hogareños estaban a la vuelta de la esquina.

Embeleso era todo aquello, y la Navidad era, por encima de todas las cosas, embeleso.

Estos años, después de muchos ciclos, he vuelto a aquel embeleso original.

Para mí el Adviento es salir, como un perro de caza, a rastrear el perfume a embeleso, para cosechar un poquito y ponerlo a resguardo bajo mi camisa. Darle un compañero efervescente a mi corazón.

161016_028

Siempre he tenido la clase de mente que siente una profunda necesidad de entendimiento.
Sin embargo, con los años también he comprendido que, como provocador de entendimiento, el embeleso bate todos los récords.

No hay certeza intelectual en el mundo, ni esforzada búsqueda de significado, que pueda entregar la seguridad gozosa, caliente y palpitante que te regala un segundo de embeleso.

Embeleso es aquello que explica tu vida por debajo de todo lo demás, aquello que conecta contigo por debajo de todas las capas de cultivo.
Con las últimas raíces, las más profundas, las que menos hemos podido domesticar.
Embeleso es una variante del espejo de Oesed de Harry Potter, un lugar donde podemos contemplar nuestro ser más genuino, y donde podemos ver el futuro.

Entre eso que consigue embelesarnos y lo mejor que tenemos hay un vínculo invencible y radicalmente carnal.

Embeleso es pues, viajar al lugar donde las cosas nacieron: al lugar donde nosotros nacimos, radiantes, incólumes.

Viajar a a la inocencia de la infancia, para traernos de vuelta desde allí lo mejor que teníamos (y aún tenemos).

161016_025

Y sí: no da me vergüenza admitirlo.

Estos días coloco toda una sarta de cepos para cazar ese perfume a embeleso.

Procuro visitar iglesias.
Las visito un poco en plan turista puesto que no comparto ningún credo, pero me gusta el clima de silencio respetuoso, la belleza simple, sobria y recogida en si misma.
Tengo mis preferidas, claro.
Me aprendo sus horarios y las visito.

Las lucecitas rojas de las velas, el olor a incienso, la separación del mundo de fuera, el resguardo, la penumbra, el ambiente nutricio, como el que necesitan las semillas para germinar.
Semioscuridad, reposo, humedad y el alimento que uno lleva dentro.

Y una atmósfera pacífica que permite aguzar el oído dentro del silencio, y te deja oír tu efervescencia interior con la nitidez de un rastro.

Miro las caras de los angelitos de las paredes. Me esfuerzo en recordar cómo era esa mirada encandilada de los angelitos en el pesebre.

121016_147

Oigo mucha música navideña.
Como soy tipo mantra, escucho muchas veces algunas de mis favoritas, las que tienen más poder para hacerme entrar en ese estado, para hacerme vibrar en esa frecuencia.
La música sabe hacer magia blanca sobre la piel humana como ninguna otra cosa sobre la tierra -salvo la luz- puede hacer.

Me rodeo de esa conjunción de conjuros que invocan el hechizo y el embeleso.
Reverencia, disposición a lo maravilloso, disposición a volver a partir en busca de lo maravilloso. Lo de fuera y lo de dentro.

Averiguar por dónde va el hilo que conduce el pulso de lo maravilloso de regreso a la vida de uno.
Y si se ha quedado medio enterrado, rescatarlo.
Hacerlo resurgir, alimentarlo. Hacerlo brillar de nuevo.

Traer de nuevo a la vida esas cosas que nos causan un arrobo infantil.

Eso es Adviento para mí: detenerse en un rapto de arrobo adulto ante lo maravilloso.

Y el lenguaje que hay que aprender a hablar en estos días, como si fuera una lengua antigua que se pudiera rescatar y revivir, es el del embeleso.

161016_022

Para mí la verdadera extravanganza que trae la Navidad no es la lista de cosas especiales que hay que hacer y preparar, el ajetreo de los preparativos de la fiesta.
No.
Lo verdaderamente extravagante, lo verdaderamente especial, inhabitual, aquello en lo que concentro mi atención, la liturgia que me fabrico, es la de volver a sentirme embelesada.

,

,

Y después, completados los misterios, cuando la lengua del arrobo empieza a hablar, hay que dibujarle un huerto.
Convertir lo que nos dice en semillas mágicas, y plantarlas.

Para que en año nuevo esas semillas florezcan y nos envuelvan con su fruto embrujado, un fruto que pueda acompañarnos todo el año, hasta la próxima Navidad.
Entonces plantaremos nuevas semillas mágicas.

Que quizá sean las mismas.

O quizá no.

Quién sabe.

Porque si hay algo impredecible en nuestra vida de hombres y mujeres comunes, como sucede con cualquier amor intenso y caudaloso, es qué milagros nos sucederán después de dejarnos seducir por lo maravilloso…

estrellas de cristal

masa de mantequilla clásica
  • 300 gr de mantequilla blandita, a temperatura ambiente (punto de pomada)
  • 150 gr de azúcar glass
  • 400 gr de harina
masa de mantequilla con melaza
  • 110 gr de mantequilla
  • 1/2 cup de azúcar blanco
  • 1/4 de cup de melaza
  • 1/4 cup azúcar moreno
  • 1/2 ts de vainilla
  • 1 huevo
  • 2 cups harina
  • 1/4 ts de sal
  • 3/4 ts de levadura química

y además,

  • caramelos duros de diferentes colores

Sacar los caramelos de sus envoltorios. Preparar bolsitas de plástico y una maza para triturarlos o una procesadora.

231216_004

Si preparáis la masa clásica, simplemente amasar juntos todos los ingredientes y dejar enfriar la masa en la nevera al menos media hora.

La segunda masa da una masa de sabor más profundo y cálido. Y las galletas quedan de un color más acanelado. La masa clásica da las galletas de mantequilla típicas, al estilo escocés, pálidas y crujientes.

Si hacemos la segunda, batimos primero la mantequilla a temperatura ambiente con los dos azúcares, hasta que la mezcla quede espumosa y blanquee un poco. Luego añadimos la melaza y la vainilla, y luego, en este orden, el huevo, la harina, la sal y la levadura, mezclando un poco cada vez.
Pasamos la masa a la nevera envuelta en film y la dejamos al fresco al menos media hora.

Podemos preparar la masa con dos o tres días de antelación.
Luego la sacamos de la nevera y la dejamos que se entibie un poco para que vuelva a ganar maleabilidad.
Si nos sobra masa, también podemos guardarla unos días para una segunda tanda, bien envuelta en papel film o en una bolsa zip.

Extendemos la masa con rodillo enharinado sobre una encimera enharinada y cortar las formas con los cortadores, dibujando zonas vacías dentro de las galletas utilizando otro cortador más pequeño o un cuchillo afilado.

231216_012

Machacamos los caramelos que hemos comprado una vez libres de envoltorio, metiéndolos en las bolsas de plástico, utilizando con entusiasmo una macita (ojo, si machacáis sobre una tabla de madera, es posible que los trozos de caramelo la marquen, y si la maza es de madera también). O bien colocándolos en un procesador potente. Deben quedar bastante finitos, como miguitas.

231216_021

Yo he hecho las galletas así: he cortado cuadraditos de papel sulfurizado para tenerlos a mano, un poco más grandes que el tamaño de las galletas.

Cuando corto la primera forma con el cortador grande, paso la masa ya cortada a un papelito.

231216_030

Una vez presionáis con el cortador y se queda marcada la forma, hay que mover el molde suavemente para que la forma se desprenda y quede libre.

231216_028

Vuelvo a cortar con el cortador pequeño sobre la forma original, ya sobre el cuadrado de papel, para que no haya que trasladarla después y sea más fácil de pasar a la bandeja del horno sobre su propia base, porque las formas delgadas son muy delicadas.

231216_033

Entonces las vuelvo a meter en la nevera, ya cortadas, en su papelito. Hacedles agujeritos si queréis pasarles después un cordoncito para colgarlas del árbol.

231216_035

Al ratito las saco, coloco el caramelo en el centro, y las vuelvo a meter en la nevera. Hay que procurar llenar los extremos. Aunque no hace falta que queden perfectas: las burbujas y los agujeritos también son preciosos.

Unos minutos después coloco los papelitos sobre una bandeja de horno, y las cuezo, entre 6-9 minutos en el horno ya calentado a 190º.
El caramelo debe burbujear suavemente y la masa de las galletas debe estar comenzando a dorarse.

231216_036

231216_088

Las pasamos a una rejilla para que se enfríen, y no las tocamos hasta que pasen al menos 10 minutos, para que tomen consistencia y el caramelo se vuelva a solidificar.

231216_100

Cada caramelo se comporta de manera ligeramente distinta: los puntos de fusión pueden variar un poquito, y su tendencia a dejar burbujas, a rebosar sobre la galleta, así como el espesor de la capa que dejan una vez fundido el caramelo es un poco distinta.

Creo que los que mejor funcionan son las piruletas machacadas. Y además hay azules!!

Si os vais a meter a hacer galletas de éstas en plan queseapartentodos, en vez de caramelos duros podéis comprar Isomalt pretemplado en varios colores. Así os aseguráis de que todos los colores funcionan igual (igual de bien 🙂

231216_090

Luego las podéis decorar con glasa real, una manga pastelera y una boquilla fina, del 1 o del 2 (la glasa se puede comprar ya hecha o en preparado en polvo listo para mezclar sólo con agua, blanca y de colores, y también se puede hacer en casa, y teñir en casa si hemos comprado blanca con colorante en pasta), perlitas y otras fruslerías fantasiosas.

Las perlitas también puedes pegarlas con una gotita de chocolate fundido si no quieres liarte con la glasa.

231216_094

Y por último, puedes disfrutar de una bonita tarde de embeleso infantil rodeada de chiquillos manchados de masa de mantequilla y harina, que además luego se zamparán todas las galletas con tanta eficacia que no vas a tener ni que fregar los platos.

231216_139

231216_107

Y siempre podéis esconder alguna antes de que se la coman y colgarla del árbol!

231216_143

Feliz tiempo de Adviento.

Feliz Navidad para todos.

Fuentes:
Stained-glass sugar cookies, en Martha Steward.
La glasa real, en Little Wonderland.
Tutorial galletas de cristal, en Little Wonderland.
Stained Glass Cookies by Annie Copps, en The Daily Dish, WGBH.

Dory habla balleno

puedes compartir esta entrada en:Facebooktwittergoogle_pluspinterest

5 Comentarios

  1. Mi querida Fernanda,
    he disfrutado mucho de tu texto, con el que me identifico, y de tu preciosa receta.
    Cuánto me gusta leerte!!!
    Besos,

  2. Hola Fernanda,
    quizá una forma de hacer más sencillo el asunto de los caramelos (que se puede complicar un poco el asunto de machacarlos sin herramienta adecuada) sea hacer nosotros mismos el caramelo. Como si fuera para hacer flanes, pero dejándolo muy “rubio”. Todavía caliente depositarlo con infinito cuidado sobre papel de horno (o silpat) y dejarlo enfriar. Este caramelo se machaca con mucha facilidad. Eso sí, no quedará tan bonito como con los de colores.

    Feliz Navidad para ti y todos tus seres queridos.

    Sotes,

    Jose

    • Gran idea! Muchas gracias!
      Muy feliz Navidad Jose. Feliz noche, feliz mañana de Navidad. Un beso!

  3. esto sólo lo sabes hacer tu!
    Por tu paciencia, porque eres artista, porque lo haces perfecto, porque como tu sólo hay UNA!
    Besos
    Feliz Año Nuevo!

    • Gracias bombón! Cuántos piropos para empezar el año con satisfactorio sonrojo!!
      (seguramente mis hijos opinan que gracias A DIOS BENDITO que como yo sólo hay UNA) jajajajaja. Me ha encantado eso del curso de arreglos de flores que me mandas, es sensacional!!! Muy feliz año primo!! Que ya verás que va a ser bueno! Besazos!!

Escribir una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *