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Escrito por el Nov 1, 2017 en desayunos de domingo | 3 comentarios| etiquetas: crinkles, galletas, limones

galletas craqueladas de limón

La cocina doméstica, además de perseguir el fin práctico y primordial de conseguir energía y salud a través de la alimentación, también va de placer, y también va de perseguir sueños pequeños.

Perseguir deseos que simbolizan cosas, cosas que a una la hacen sentir bien.

Bien quiere decir aquí segura, satisfecha, en aura de hogar. Eso a lo que cada uno, a través de los años, decide que es lo que para él se llama hogar.

En el imaginario de mi hogar ha habido desde siempre pan horneado en casa y botes de cristal llenos de pastas y galletas caseras que mojar en el café con leche de la mañana, sobre una mesa recién soleada.

He sido persistente para esto como para todo, Tauro inevitable, y aunque me ha costado un par de decenas de años, éste es por fin el año en el que me doy cuenta de que ése para mi es hoy un sueño conseguido.

Por las mañanas sobre una mesa blanca recién soleada puedo sacar de un bote de cristal galletas caseras para mojar en mi café con leche, y todas las semanas hay al menos un día en que mi cocina y mi casa huelen a pan recién horneado.

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Finalmente mi sueño de galletas caseras a gogó y de hacer un pan que me pudiera comer se ha venido arriba :).

Es un sueño sencillo, discreto, pequeño, que sin embargo me hace muy feliz.

Por si alguna o alguno comparte ese deseo, aquí voy a ir dejando las galletas que horneo para mis desayunos este año. Cada semana hago una clase diferente, del manojito de recetas que he elegido como “de cabecera”: galletas americanas de chocolate tipo cookies, galletas de pistacho, galletas de mantequilla tipo danés, galletas de almendra, galletas de limón, tortas de aceite y anís, magdalenas tradicionales y francesas, barritas de cereales y plumcake.

Empiezo con éstas: galletitas craqueladas de limón, crinkles, como las llaman en otras tierras. Me encanta el sabor a limón por las mañanas, un sabor tintineante que ayuda a espabilarse, y estas galletitas tienen textura de nube de verano, de nube de calor.

Si quisiéramos comparar cada una de las galletas que he elegido para este año con una prenda de fondo de armario, éstas serían, sin duda, el corpiño de terciopelo ;).

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galletas craqueladas de limón -crinkles-

  • 300 g de harina
  • 1 huevo
  • 100 g de azúcar blanquilla
  • 100 g de mantequilla ablandada a punto de pomada
  • la piel rallada y el zumo de dos limones
  • 1/2 sobrecito de levadura química (8 gr)
  • 1 cuenco con azúcar blanquilla
  • 1 cuenco con azúcar glass

En un cuenco, colocar la mantequilla ablandada y unirla batiendo con el huevo.

Añadir el zumo y la piel rallada de los limones.

Añadir el azúcar, y por último la harina y la levadura.

Mezclar un poco, hasta que la masa quede homogénea y bien integrada.

Colocar la masa dentro de una lámina de film, envolverla y dejarla en la nevera una hora.

Formar las galletitas: colocar un papel sulfurizado protegiendo una placa de horno.
Sacar la masa de la nevera y formar bolitas de pasta, bien con una cuchara, bien con un dispensador de bolas de helado.

Si gastamos el dispensador las galletas quedan grandes y saldrán más o menos 14.
Si las queremos más pequeñas podemos gastar la cuchara.

Les damos forma redondeada y las rebozamos primero en azúcar blanquilla y después en azúcar glass. Las colocamos sobre la bandeja de horno preparada, un poco espaciadas, porque en el horno bajarán y se extenderán un poco.

Volver la bandeja a la nevera durante quince minutos, mientras precalentamos el horno.

Hornear 12-15 minutos a 180º, o sacarlas justo antes o en el momento en que empiecen a dorarse por sus bordes. Deben quedar de un precioso amarillo patito.

Dejarlas 10 minutos sobre la placa de horno, y después transferirlas a una rejilla de enfriado.

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Estas galletas son delicadas como aquellas de hadas que dibujaba Maria Pascual, y tienen una textura inolvidable: mullida y mórbida por dentro, frágil y esponjosa al tomarlas entre los dedos, suavemente crujientes al morderlas.
Dulces pero envueltas en el perfume acidulado y refrescante del limón. Sutiles, saciantes, parecen hechas de encaje espumoso, y su color recuerda al de la luz solar de la sobremesa de otoño.

Fuente, My French Bakery.

cerámica,
Taza de té de porcelana de granos de arroz diseñada por Friedl Holzer Kjellberg para Arabia Finland.

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3 Comentarios

  1. … y flores! Galletas, pan, ¡y flores! ^__^

    Hola Fernanda,
    (…)
    me surge una duda con tu receta. Cuando dices que se coloque la masa dentro una lámina film, ¿estirada, hecha una bola, hecha un mejunje cualquiera…?

    Gracias & besos.

    • Pues verás, la masa, cuando está integrada, tiene forma, en efecto, de un mejunje cualquiera. Yo simplemente la vuelco sobre el papel film y la envuelvo. Tira a quedar entre una bola y un paquetito. Da lo mismo, cuando la saques de la nevera vas a arremeterla con el dispensador de bolas de helado o con la cuchara para sacar las porcioncitas de galleta, así que realmente, puedes hacer con ella lo que te pida el cuerpo. 🙂 Besos!!

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