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Escrito por el Jun 19, 2012 en cocina de cosecha | 0 comentarios| etiquetas: albahaca, Berenice, fusilli, parmesano, pasta, pecorino, quesos

pesto de albahaca

cabellera de Berenice

Estaba yo recién cortada y mis hermanas me lloraban cuando, de pronto, con un rápido batir de alas, el dulce soplo del céfiro me lleva a través de las nubes del éter y me deposita en el venerable seno de la divina noche Cypris. Y a fin de que yo, la hermosa melena de Berenice, apareciese fija en el cielo brillando para los humanos en medio de innumerables astros, Cypris me colocó, como nueva estrella, en el antiguo coro de los astros.

Calímaco de Cirene (310-240 a. C.) La cabellera de Berenice

Berenice era la esposa de un rey egipcio. El rey estuvo largo tiempo embarcado en campañas de conquista, y su mujer, que era bellísima y tenía una cabellera que hacía soñar a cada hombre que la veía, padecía de angustia cada noche imaginando que su marido no pudiera regresar vivo junto a ella.

Pesto

Una mañana, finalmente se decidió y marchó hacia el templo de una poderosa deidad protectora del amor, Afrodita, una diosa extranjera. Partió hacia su templo, y en la intimidad de su altar, le prometió que si permitía que su marido regresara sano y salvo le ofrecería su radiante cabellera.

Su marido regresó sano y salvo, y ese mismo día, Berenice volvió al templo, se cortó la maravillosa melena y la dejó sobre el altar.

Pesto

Sin embargo, cuando avanzó la noche, alguien profanó el templo y la ofrenda fue robada. Corrieron los rumores de que había sido un alto sacerdote del templo de Serapis, enojado porque la Reina hubiera confiado en una diosa extranjera, una deidad griega.

Las tensiones comenzaban a crecer cuando pidió audiencia ante los Reyes Conón de Samos. Conón era un sabio egipcio muy venerado, que conocía bien el firmamento, y que era buen amigo del sabio griego Arquímedes de Siracusa.

Conón debía ser, en efecto, un hombre profundamente sabio. Se presentó a los Reyes y les dijo que acababa de aparecer una constelación nueva en el cielo, que tenía la forma de una hermosa cabellera. Sin duda, les sugirió, Afrodita recogió con agrado la ofrenda de Berenice y la hizo subir al cielo, preservándola para la eternidad entre las constelaciones…

Conón fue al Museo de Alejandría y añadió el dibujo de una larga melena en el globo celeste que albergaba el Museo y que mostraba el firmamento tal como lo conocían entonces.

Después, Calímaco de Cirene, que fue bibliotecario de la biblioteca de Alejandría hasta su muerte, y autor de los 120 volúmenes que recogían el catálogo completo de esta biblioteca, escribió el poema con el que empieza la entrada…

El poema se perdió, pero lo conocemos por una imitación de Catulo, y por veinte versos hallados en un papiro egipcio.

Esta historia me encanta. Combina la añoranza y la pasión del amor perdurable , con la inteligencia, el deseo de concordia, la creatividad y la fe en la conservación del conocimiento humano. Como bibliotecaria en campaña activa contra el desprecio por la memoria y contra la estupidez, como amante de la poesía y del firmamento y como mujer enamorada, me ha parecido perfecta para poner los pies en el umbral del solsticio de verano, una fecha mágica y propiciatoria de todos estos tesoros vitales, que también celebraremos desde aquí dentro de sólo un par de días.

cabellera de Berenice a la albahaca

{también conocida como Fusilli col buco al pesto, para cuatro personas}
  • 400 gr de pasta larga (en este caso, fusilli col buco)
  • 60 gr de hojas de albahaca
  • 2 puñados de almendras crudas sin piel
  • 1 puñado de piñones crudos
  • 25 gr de queso parmesano recién rallado (o grana padano, que al madurar 18 meses en vez de 36 es más asequible)
  • 1 cucharada de queso pecorino sardo recién rallado (se puede sustituir por manchego semicurado)
  • un excelente aceite de oliva virgen, aproximadamente 3 cucharadas soperas
  • un chorro de nata líquida
  • medio diente de ajo, pelado, sin germen y picado
  • sal, pimienta

Esta receta es una adaptación más suave del auténtico pesto genovés de albahaca, que no lleva nata ni almendras. Sigue teniendo un sabor arrollador, pero gana en delicadeza.

Es muy sencilla: colocamos en la trituradora todos los ingredientes menos los quesos y la nata y le damos una buena picada.

Pesto

Añadimos los quesos y un chorrito de nata y le damos otra.

Pesto

Y ahora todo es cuestión de ajustar el sabor a nuestro gusto.

Pesto

Comprobamos el punto de sal, y añadimos más aceite o más nata hasta que al probarlo se nos haga la boca agua.

Pesto

No hay más secreto.

Hervimos la pasta 11 minutos, la escurrimos, añadimos una cucharada del agua de cocción a nuestro pesto de albahaca, lo removemos hasta homogeneizarlo, rallamos unas virutitas de queso para esparcir por encima de cada plato.

Pesto

Rociamos la pasta con unos filetes del buenísimo aceite de oliva que hemos empleado para la salsa, y listo.

Pesto

Abrimos nuestra botellita de vino (hoy en una de esas preciosas jarritas de ouzo que les gustan a los griegos, en honor a la apasionada Berenice, a la sabiduría de Conón y al amor por las palabras de Calímaco).

Pesto

Y ahora brindemos porque todos estos tesoros -amor, pasión, conocimiento, sabiduría, respeto, poesía- florezcan abundantemente dentro de nosotros y a nuestro alrededor para alegrar nuestros días, y nos hagan larga compañía sin marchitarse.

Feliz semana a todos!

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