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Escrito por el Dic 31, 2013 en liturgia de las horas | 0 comentarios| etiquetas: Año Nuevo, construir la propia vida, desconsuelo, esperanza, estufitas contra el frío, ilusiones, lo difícil

una de ratas y palitos

Cuando estudiaba psicología aprendí una palabreja de ésas que les chiflan a los psicólogos y a los médicos, y que me impresionó mucho. No por la palabreja en sí, sino por uno de los experimentos con que la conceptuaron.
La cosa fue así: los de la bata blanca cogieron dos grupos de ratas (criaturitas) y las colocaron en sendos cubos llenos de agua. A unas les dejaron sobre el agua palitos sobre los cuales poder subirse para no ahogarse, y al otro grupo no le dejaron nada. Dejaron a los dos grupos enfrentarse a su «destino», pero sacaron del agua a las ratas que no tenían palitos justo antes de que se ahogaran.

Por segunda vez volvieron a colocar a los grupos de ratas en cubos, pero esta vez dieron palitos a todas. Y las ratas del segundo grupo, las que se habían salvado por «intervención demiúrgica», ni siquiera intentaron subirse a los palitos.

Seligman, aunque obviamente esperaba algo por el estilo, se quedó petrificado por la elocuencia de los resultados -aunque también chispeaba un poco, seguro, los sabios son así 😉 .

Esta noche damos a la bienvenida a un año nuevo.

En este año la mayoría de nosotros hemos atravesado corrientes turbulentas muy severas.

Y lo curioso del caso es que, como cuando pasa un tifón sobre una playa, la cosa no termina ahí.
Al contrario. De alguna manera, la cosa empieza ahí.

Porque después, cuando parece que lo peor ya ha pasado, nos damos cuenta de que no estamos bien.
Estamos tristes, apagados, sin fuerzas, sin energía.
Como si nos hubieran sacado el aire del cuerpo.
Tenemos un miedo difuso, no sabemos de qué.
Nos sentimos como si cada día andáramos sobre cristal.

En casa.
Esta tristeza esencial tiene mucho que ver con el desvalimiento aprendido de Seligman (ésa era la palabreja en cuestión). La mayoría de las dificultades que hemos pasado se han debido a cosas que estaban por completo fuera de nuestro control, y las hemos vivido profundamente así: como algo que no tenía ninguna relación con lo que habíamos hecho en el pasado ni con lo pudiéramos hacer en el presente para evitarlo.
Es la tristeza mortal de la rata sin palito.

Porque es verdad que hemos vivido muchos episodios en que nos hemos sentido así. Y mucho peor aún: como si el experimentador, como si no fuera bastante vernos en el brete de ahogarnos, nos hundiera un poco la cabeza con cara de cinismo.

Eso es verdad.
Pero pensad una cosa que resulta trascendental: de entre los dos grupos de ratas, ni siquiera las ratas que pudieran haberse ahogado del primer grupo, las que buscaron dónde subirse y pelearon por su vida, habrían muerto con la amargura que les quedó a las ratas que no se ahogaron del segundo grupo, y que aprendieron que hay un «poder» que las acecha y del que serán siempre incapaces de defenderse.

Así que esto es lo que quiero deciros, y decirme a mí misma, hoy:

Abrid bien los ojos. Despertad del sopor de la tristeza profunda. Buscad los palitos. HAY palitos. Buscadlos. Agarraos. Pelead.
Elegid ser ratas que buscan los palitos y que pelean por subirse a ellos.
Y aprended a hacer el muerto. A cabalgar sobre la corriente sin perder el gobierno.

No renunciéis. No os dejéis vencer por el desaliento y la desesperanza.

Buscad la luz. Acercaos a quien puede inspiraros, haced distancia de seguridad con quien enrarece el oxígeno del aire.

Rubielos. Shariqua
Pensad en aquello que a largo de este año habéis dado por perdido. Pensad en las cosas que veis tan lejanas pero que aún os provocan ilusión. En todo lo que habéis descartado por descabellado. En las cosas que no os gustan y a las que habéis decidido acostumbraros. En los riesgos que no queréis correr.

Desechad lo que habéis aprendido, lo que habéis experimentado antes. No lo deis por seguro. No supongáis que ese lado oscuro tiene más fuerza que el nuestro. A menudo tiene más fuerza sólo porque las ratas han aprendido que no sirve de nada pelear contra el agua.

Dejaros de milongas, poneros de pie, ir a por todas esas cosas.

Dejad de hacedle el juego a quien saca partido de vuestra tristeza de ratas sin palitos, de vuestro miedo profundamente sembrado, porque ya se han encargado ellos de haceros antes saber lo que viene después.

Levantad la cara, sonreíd, mostrad vuestro desprecio y vuestra libertad: poned la palanca de marchas en modo apisonadora, y a por ellas.

Quitadle el polvo a vuestro lado vikingo y dejadle gobernar vuestra alma todo este año nuevo, que llega temeroso de lo que va a encontrarse.

Que se encuentre con mujeres y hombres bien erguidos, pacíficos, pero con ganas de guerrear si los provocan.

Toscana. San Gimignano.
Adelante, queridas, queridos…

Viene un Año Nuevo…

Vamos a por él, que es nuestro.

¡Feliz Año Nuevo!

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